
El deporte es salud
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En varias oportunidades nos referimos al deporte desde estas columnas como un vehículo ideal para la transmisión de valores, pero también es extraordinario su aporte a la salud, tanto física como espiritual. La primera alude a una mejora general en el organismo, en tanto la segunda se vincula con su inmensa capacidad para irradiar optimismo, alegría de vivir, y otorgarle sentido a la vida.
Diversos trabajos realizados en los Estados Unidos y en los países escandinavos demuestran que las personas activas viven más que las de hábitos sedentarios, porque el ejercicio físico disminuye las concentraciones sanguíneas de colesterol, LDL y triglicéridos. Toda actividad física origina la liberación de diversas hormonas que provocan placer y bienestar en el individuo. Las más conocidas son las endorfinas, una sustancia magnífica que no ha sido capaz de ser creada por el hombre y que, entre muchas ventajas, aumenta considerablemente el umbral del dolor.
La práctica de actividades deportivas produce innumerables beneficios físicos en nuestro cuerpo, de muy diferente alcance y naturaleza: mejora la función cardíaca, la cantidad y calidad de los lípidos en sangre, la capacidad de entrega de oxígeno a los tejidos, y el metabolismo bioquímico, entre tantos otros. Asimismo, disminuye el riesgo de padecer osteoporosis, diabetes, y en general el de contraer enfermedades. Incluso la persona que realiza ejercicio físico incrementa la masa muscular, la fortaleza de los tendones, ligamentos y huesos, además de mejorar su postura y biomecánica corporal. El menor estrés, mejor sueño y mayor resistencia mental son otras ventajas de un listado que luce interminable.
La transformación que el deporte provoca en la calidad de vida de una sociedad es tan impactante que la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que por cada dólar que se invierte en deporte se ahorran tres en salud. Uno de los golfistas más grandes de la historia, el sudafricano Gary Player, sostiene que el deporte puede resolver el problema número uno de los chicos que es hoy la obesidad, la que deriva en enfermedades muy costosas para los gobiernos como la diabetes, el colesterol y el cáncer.
Es necesario inculcar a la dirigencia, no sólo a la política, que cada peso que se invierte en deporte es en realidad una formidable inversión que se recupera de distintas maneras. No se trata de buscar desesperadamente la obtención de medallas o resultados deportivos, sino de vencer el sedentarismo, la falta de sentido a la vida y tantos otros problemas instalados en la sociedad actual. El día que, como sociedad, comprendamos la importancia mayúscula que tiene el deporte se empezará a gestar una verdadera transformación.






