El futuro judicial de Cristina Kirchner

La expresidenta, que tanto poder concentró, no podía desconocer la existencia del vasto entramado de corrupción, que ella sostuvo luego de la muerte de su esposo
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9 de enero de 2019  

Cristina Kirchner , la expresidenta y actual senadora, que acumulaba cinco procesamientos, sumó otro con la causa de los cuadernos de la que surge la grave acusación de liderar una asociación ilícita y recibir coimas.

Hace pocos días, la Cámara Federal porteña confirmó este último procesamiento al que le corresponde prisión preventiva, medida que no puede cumplirse debido a la tan errónea como improcedente interpretación que muchos legisladores realizan, desde hace tiempo, de la figura de los fueros parlamentarios, desvirtuándola completamente. La resolución de la cámara puso orden y claridad, y enderezó adecuadamente la investigación. Resolvió que la mayoría de los empresarios que declararon como imputados colaboradores y aquellos que, sin acogerse a la figura legal del arrepentido, explicaron que debieron acceder a pedidos de funcionarios argentinos para proteger a sus dependientes en situación de peligro, como es el caso de Techint en Venezuela , no formaron parte de la asociación ilícita, como había sostenido erróneamente el juez federal Claudio Bonadio .

A partir de la decisión de la Cámara deberá también profundizarse la investigación para aclarar definitivamente bajo qué condiciones operó la máquina recaudadora de fondos puesta a la luz en los cuadernos de Centeno. Esta incluirá verificar la situación denunciada por el grupo Techint en Venezuela, así como la de aquellos que sostuvieron que efectuaron aportes para campañas electorales.

Las restantes causas en las que está procesada la expresidenta son la del dólar futuro, la del memorándum con Irán, la del direccionamiento de la obra pública y la de los dos expedientes en los que se investigan sus hoteles, Los Sauces y Hotesur , que hasta hoy son los que más pruebas han acumulado en su contra.

En Hotesur los fiscales pidieron la elevación a juicio de la expresidenta y de sus hijos, Máximo y Florencia. Consideran que las maniobras ilegales se desarrollaron en cuatro etapas: la primera fue la adquisición de los hoteles con dinero de seudoempresarios que hacían negocios con el Estado; la segunda involucró la constitución de empresas que se encargaron de administrar los fondos; en la tercera, los hoteles sirvieron para lavar la plata sucia derivada de la corrupción en las obras públicas y, finalmente, en la cuarta etapa, el dinero de los hoteles ingresó en el patrimonio de la familia Kirchner.

No deja de sorprender el enorme y letal poder de la investigación sobre los cuadernos. Por un lado, sus efectos en el ámbito penal que golpean con evidencias indubitables la imagen del kirchnerismo; por el otro, también su impacto en el mundo empresarial, en especial en el de la construcción, con procesamientos por el comprobado pago de sobornos para acceder a los contratos de las obras públicas.

En la ruta del dinero que abrió dicha causa, los funcionarios judiciales pronto repararon en la fortuna de Daniel Muñoz, apenas uno de los secretarios privados de Néstor Kirchner. Solo el valor de las propiedades que el ya fallecido Muñoz, junto con su mujer, adquirieron en Miami mediante 13 sociedades a partir de 2010 -año en que murió Néstor Kirchner- ascendería a más de 40 millones de dólares.

Muñoz podría haber actuado individualmente como testaferro del matrimonio Kirchner, pero fue tal el monto del dinero que movía que él, a su vez, tuvo que recurrir a testaferros y auxiliares para ocultar tanto el origen como a los verdaderos dueños del dinero. Entre estos auxiliares están Sergio Todisco y su exesposa María Ortiz Municoy, quienes declararon como arrepentidos, complicando aún más la situación de Cristina Kirchner, pues se refirieron a la financiación de una campaña de la expresidenta y a la organización de actos en los que ella participó.

A medida que el tiempo transcurre y la Justicia avanza y cita al personal que se desempeñó cerca de los Kirchner, las lealtades comienzan a desvanecerse y los pactos de silencio a romperse. Es lo que ha ocurrido a un ritmo vertiginoso en la causa de los cuadernos, más allá de que en el juicio oral se evalúen las pruebas.

Quienes aún podían albergar alguna duda acerca de si la corrupción sistemática fue o no la esencia de los gobiernos kirchneristas y su razón de ser en la vida política argentina, la vieron disiparse cuando se conocieron detalles sobre la red de pagos de coimas tendida en torno de la obra pública, minuciosamente consignada en los ocho cuadernos del chofer de Roberto Baratta , secretario del entonces poderoso ministro Julio De Vido.

Apenas todo esto tomó estado público, se precipitó una mayor toma de conciencia de buena parte de la sociedad sobre la urdimbre de la corrupción montada por el kirchnerismo. Es cierto que muchas de sus aristas eran conocidas con anterioridad debido a las otras causas ya en trámite, pero se sumaron pruebas e información de primera mano sobre sus intrincadas derivaciones. La expresidenta, que tanto poder concentró, no podía ignorar ni desconocer la existencia de tan vasto entramado para el cobro de coimas, montado inicialmente por su esposo, que claramente ella sostuvo luego de su muerte.

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