El gigantesco botín de los Kirchner
Testigos de la causa Cuadernos exponen el perverso sistema que transformó lo público en un negociado privado, mientras la búsqueda de lo robado al Estado dejó una estela de violencia y muerte
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En las últimas audiencias del juicio oral por la causa Cuadernos el debate volvió a centrarse en las prácticas de la familia Kirchner respecto de la enorme acumulación de fondos públicos como botín privado. Esta costumbre, que combina una devoción casi enfermiza y obsesiva por el dinero físico con una logística propia de la ingeniería financiera más opaca, se entrelaza con una realidad siniestra: la búsqueda de un botín que, en más de una ocasión, derivó en hechos violentos. Incluso la muerte de Fabián Gutiérrez, secretario privado del matrimonio Kirchner, quedó enmarcada inevitablemente en este clima de búsqueda voraz y feroz de aquellos tesoros espurios.
Sobre este punto, el testimonio de Mariana Zuvic ante el Tribunal Oral Federal 7 resultó revelador. La exdiputada nacional describió cómo, a partir de 2016, se instauró en Santa Cruz un fenómeno que definió como la búsqueda del botín, protagonizado principalmente por grupos de expolicías que sospechaban que funcionarios muy cercanos a los Kirchner les guardaban dinero en efectivo en sus propiedades. Zuvic vinculó directamente esta dinámica con la tortura a la que fue sometido Gutiérrez hasta quitarle la vida, en julio de 2020, a manos de tres jóvenes finalmente condenados.
No fue el único, según Zuvic. Otros exsecretarios de los Kirchner, como Roberto Sosa, Daniel Álvarez y Raúl Copetti fueron –ellos o sus familiares directos- secuestrados y golpeados por un comando que buscaba “el dinero de la corrupción, el botín”, afirmó la exlegisladora ante los jueces del tribunal.
El relato de Zuvic se alinea con el testimonio del financista Ernesto Clarens, quien en 2018 había aportado detalles cruciales ante el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli. Clarens, arrepentido en la causa, narró que el fallecido Daniel Muñoz, secretario de Néstor Kirchner, le había confesado que el efectivo recolectado mediante las coimas de la obra pública terminaba su recorrido en El Calafate. “Muñoz siempre me mencionó que todo este efectivo estaba en archivos metálicos que se encontraban dentro de una bóveda en el subsuelo de la casa del matrimonio Kirchner, donde había un olor a tinta muy importante”, declaró el financista.
“Muñoz siempre me mencionó que todo este efectivo estaba en archivos metálicos que se encontraban dentro de una bóveda en el subsuelo de la casa del matrimonio Kirchner, donde había un olor a tinta muy importante””
— Ernesto Clarens
La logística incluía vuelos en aviones oficiales que salían de aeroparque metropolitano hacia el sur del país para depositar los bolsos, viajes sobre los que también declararon en el juicio varios de los pilotos presidenciales. Sergio Velázquez, el favorito de Néstor Kirchner, confirmó en las audiencias que trasladó a Muñoz en varias oportunidades llevando bolsos con candados.
La anécdota que Clarens compartió en su testimonio sobre una ocasión en la que la cantidad de dinero fue tan desbordante que debieron ingresar bolsos por la cocina de la casa frente a los empleados y cocineros ilustra el nivel de obscenidad e impunidad con el que se operaba.
Parte de esos fondos fueron a parar a la compra de campos, departamentos, hoteles, estaciones de servicio, agencias de turismo y restaurantes, adquisiciones en las que aparece involucrado Lázaro Báez, el oscuro exempleado bancario convertido rápidamente en riquísimo seudoempresario. Este modus operandi no solo evidencia el injustificable incremento patrimonial, sino también una estrategia de blanqueo que transformaba dinero negro en un activo pretendidamente visible, pero ajeno a la legalidad tributaria.
La historia del botín de los Kirchner no se limita solamente a cifras contables, sino que confirma la construcción de un sistema de poder basado en la voracidad por hacerse del dinero público, el secretismo y la creencia de que la impunidad iba a ser eterna
Cabe recordar que el allanamiento realizado en 2018 en el chalet de la expresidenta en El Calafate confirmó la existencia de estructuras compatibles con bóvedas en el subsuelo. Los registros de la época destacaron el hallazgo de dos espacios destinados al resguardo de bienes de valor, uno de los cuales carecía de puerta. La ausencia de este elemento de seguridad en un lugar tan estratégico planteó interrogantes inmediatos sobre el destino de su contenido. Pese a las pruebas recolectadas por la Justicia, la respuesta oficial de entonces consistió en negar la existencia de tales estructuras.
Esta devoción maníaca por la acumulación quedó históricamente plasmada en un video en blanco y negro de los años 80, corroborado por testigos y difundido en 2013, donde el entonces gobernador Néstor Kirchner se abrazaba a una caja fuerte en el municipio de Las Heras diciendo que ese contacto le producía “éxtasis”. El exvicegobernador Eduardo Arnold confirmó la veracidad del episodio.
Cabe recordar también que Kirchner recibió más de 600 millones de dólares por regalías petroleras mal liquidadas que quedaron depositados en el exterior y que, con los años, llegaron a superar los mil millones, según el único informe escueto que se presentó en 2003 en la Legislatura provincial.
Nunca hubo control ni rendiciones ni auditorías ni detalles sobre el derrotero de esos fondos que fueron manejados a discreción por Kirchner y sobre los que se sospecha que solo en parte fueron usados para financiar su propia candidatura presidencial. De ese dinero hoy no queda nada para la provincia, aunque no se descarta que siga oculto.
Del mismo modo ocurrió con la mudanza ocurrida en 2008 en Río Gallegos, cuando se trasladaron muebles desde una casona céntrica a El Calafate. La mudanza incluyó cajas fuertes retiradas del Banco Hipotecario, ante la mirada de los vecinos.
La investigación policial también puso el foco en la oficina de la inmobiliaria Sanfelice, Sancho y Asociados, donde funcionaba un despacho de Máximo Kirchner. Allí se detectó una doble puerta, una de ellas blindada, que resguardaba estanterías negras adecuadas para el apilamiento de bolsos o cajas. Aunque los investigadores encontraron el lugar vacío, la presencia de estas instalaciones en un inmueble embargado refuerza la tesis de una red diseñada para la gestión de fondos no declarados.
El poder absoluto, cuando carece de mecanismos de control republicano, tiende inevitablemente al abuso. La relectura de estos hechos, a la luz de las pruebas y los testimonios brindados en el juicio por la causa Cuadernos desnuda una práctica persistente, de décadas.
La historia del botín de los Kirchner no se limita solamente a cifras contables, sino que confirma la construcción de un sistema de poder basado en la voracidad por hacerse del dinero público, el secretismo y la creencia de que la impunidad iba a ser eterna.




