
El Indec y los riesgos de la manipulación
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La manipulación de las estadísticas oficiales para presentar un cuadro de situación favorable a las autoridades de turno es una de las tentaciones y debilidades a las que prácticamente ningún gobierno ha dejado de sucumbir. Por ello, es altamente preocupante el desplazamiento de la directora del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) encargada de la medición de la inflación, que se produce en medio de fuertes presiones oficiales para controlar el alza de los precios.
El alejamiento de la directora de Indices de Precios de Consumo, Graciela Bevacqua, alimenta las peores sospechas porque puede significar una intromisión política en un organismo cuyo valor más preciado es la independencia y la credibilidad.
El cambio dispuesto por la ministra de Economía, Felisa Miceli, no hace más que confirmar las advertencias señaladas en esta columna editorial en octubre último sobre los embates que estaba sufriendo el Indec de parte del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, designado por el presidente Néstor Kirchner para controlar la inflación. Las presiones se acentuaron en los últimos tiempos, cada vez que se estaban por difundir indicadores con resultados adversos a los deseos del Gobierno. Y los cambios en el organismo ocurren ahora tan sólo una semana antes de que se informe de manera oficial el índice de precios del primer mes del año, que estaría por encima de lo esperado por las autoridades.
La funcionaria desplazada se habría rehusado a suministrar información sensible, reservada y protegida por ley, a la Secretaría de Comercio, como, por ejemplo, las listas de locales y comercios que visitan los encuestadores para elaborar el índice de precios. Un episodio similar había ocurrido hacia fines de 2006, cuando el afán oficial era cerrar el año con una inflación de tan sólo un dígito.
Con la política de controles de precios, las autoridades nacionales cometen el error de atacar las consecuencias y no las causas reales de la inflación. Y ahora con este desplazamiento de la profesional encargada del cálculo de los precios al consumidor, cargo al cual había accedido por concurso, se corre el riesgo grave de pretender manipular el termómetro antes que bajar la fiebre.
El destino del Indec ha estado en las últimas horas en el centro de un profundo debate en el gobierno nacional. Ha trascendido que en la Secretaría de Comercio Interior se han estado analizando modificaciones metodológicas para actualizar la construcción del índice de precios, hecho que de por sí ya generaba malestar entre los funcionarios técnicos del Indec, proclives a escudarse en las normas internacionales de medición a las que el organismo adscribe para resistir cualquier intento de manoseo político.
La sensibilidad de los datos elaborados por el Indec hace que la relación entre ese organismo y las autoridades nacionales de turno siempre esté signada por los choques y cuestionamientos. Ese ente depende del Ministerio de Economía y sus funcionarios surgen de concursos públicos, salvo sus máximas autoridades.
La característica fundamental de la información suministrada por el Indec es el rigor científico y metodológico de su producción aplicada a las investigaciones, los métodos de recolección y cálculo empleados, y el control de calidad de los datos. Estos atributos hacen que sea reconocido como un organismo independiente del poder político, cuya autonomía se acentuaría si también sus autoridades máximas fuesen elegidas por medio del concurso y gozasen de plena estabilidad en sus cargos.
La manipulación de la información estadística en beneficio de las necesidades del Gobierno es un hecho grave, sobre todo en un año electoral. Aunque esta maniobra le permitiera obtener resultados favorables en el corto plazo, no podría ocultar una realidad que de no modificarse a tiempo terminará afectando a toda la sociedad.




