
El "jardín" de la Casa Rosada
Por expresa voluntad presidencial, la plaza Colón ha sido sustraída al uso público y anexada a la Casa de Gobierno
1 minuto de lectura'
Oficialmente clasificada como parque, la antigua plaza Colón, nacida de un relleno monumental llevado a cabo a fines del siglo XIX como complemento de las obras de construcción del puerto Madero, ha pasado a ser posesión exclusiva del gobierno nacional y, por ende, vedada al uso público.
Ni siquiera la idea es original. Hace una década, Carlos Menem, deseoso de disponer de un entorno similar al de la Casa Blanca, lugar de trabajo y residencia de los mandatarios estadounidenses, pretendió cercar nuestro palacio de gobierno y aquella plaza, con la intención de obtener un jardín propio. Pero las críticas desfavorables lo hicieron desistir del proyecto.
Ahora, en cambio, tras los arreglos que la administración Telerman hizo en esa plaza y después de que Cristina Fernández de Kirchner manifestara un deseo similar, el entonces jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires suscribió un convenio de cesión de ese espacio público.
Desde entonces, ningún particular ha podido ingresar en el lugar, provisto de un invernadero, un anfiteatro y una escalinata que lo conecta con la Casa de Gobierno. Además, allí fue erigido el monumento a las víctimas del bombardeo del 16 de junio de 1955 y se encuentra el galpón en que es llevada a cabo la restauración del célebre mural Ejercicio plástico , cuyo autor fue el artista mexicano David Alfaro Siqueiros, con la colaboración de Antonio Berni y otros pintores argentinos. Las autoridades nacionales se habían comprometido a pagar todas esas refacciones, pero como aún no se dieron por enteradas de que deben hacerlo, los acreedores le reclaman al gobierno local que satisfaga la deuda.
La plaza es propiedad de la ciudad -tan desprovista en esta materia en particular- y que se sepa, ninguno de sus jefes de gobierno estuvo o está facultado para cederla sin más ni más, sea quien fuere el receptor de tamaño obsequio. En consecuencia y de acuerdo con reglamentaciones vigentes, asimismo era menester solicitar autorización para erigir un monumento dentro de ella y para cercarla con una verja que, según también es usual, debería estar abierta desde la mañana hasta el anochecer. Cabe recordar que antaño los transeúntes comunes podían caminar por cualquiera de las aceras de la Casa de Gobierno con entera libertad y, es obvio, tenían franco acceso a ese espacio verde que hoy en día se les niega.
No se trata de un episodio menor. Llegado el caso de que nuestra ciudad deba resignarse a admitir, forzosamente, que la cesión es una cuestión consumada y que sería imposible revertirla, el gobierno nacional podría, por lo menos, asumir sus compromisos y formalizarla de acuerdo con los procedimientos legales de práctica. De lo contrario, sin bien sería exagerado hablar de una usurpación, no podría negarse que como parecerse se le parece bastante.




