
El programa Mi PC
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Muy rápida y entusiasta ha sido la respuesta al ambicioso programa Mi PC, lanzado por el Ministerio de Economía, junto con bancos nacionales y privados y un grupo de más de 30 empresas del sector informático, el 31 del mes último.
El programa -responde a grandes rasgos a un proyecto que había presentado el ministro Roberto Lavagna en la última edición del Coloquio del Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA)- apunta a vender, con importante financiación y capacitación para los usuarios, cerca de dos millones de computadoras con conexión a Internet por año en hogares de bajos recursos, con una inversión de 2300 millones de dólares, para lograr en cinco años "el nivel que hoy tiene España", según sostuvo Lavagna en la presentación.
La respuesta de los usuarios fue rápida y entusiasta, porque hace poco más de una semana, en la sección Economía de LA NACION, informamos que "en 10 días se vendieron 5000 PC populares" y que hay 25.000 créditos en trámite para adquirir otras tantas. De esas 5000 máquinas vendidas, el 65 por ciento corresponde a la Capital Federal y el 35 al interior, mientras que una proporción similar se da entre los modelos de máquinas elegidas: el 60 por ciento corresponde al más caro, que cuesta 1700 pesos, y el 40 por ciento restante al más barato, cuyo valor es de 1300 pesos. Como dato comparativo, es bueno señalar que hoy en la Argentina se venden unas 700.000 máquinas al año.
Sin embargo, hay particularidades de este emprendimiento que generan algunas reservas y que es bueno señalar aquí. En primer lugar, el hecho de que ésta es una actividad desarrollada por el Ministerio de Economía y Producción en la que participaron algunos bancos: el Banco Nación, el de la Provincia de Buenos Aires, el de Santa Cruz, el de San Juan y el Nuevo Banco de Santa Fe; varias empresas informáticas, entre ellas las multinacionales Intel y Microsoft; pymes armadoras de computadoras personales, e importantes cadenas de distribución. Es decir que no participaron ni el Ministerio de Infraestructura (del que depende, por ejemplo, la Secretaría de Comunicaciones, tradicional actor de actividades informáticas) ni el de Educación.
Esta última ausencia es particularmente importante, ya que en el mundo se ha verificado repetidamente que el acceso y uso de Internet no depende de los ingresos de la población sino de su nivel educativo. Internet es una notable herramienta para encontrar respuestas, pero sólo la educación es la que genera preguntas.
Tampoco parecen participar del programa la Secretaría de Industria -lleva adelante un Foro de Competitividad de Software- ni otros organismos tecnológicos, como el INTI, para los cuales es fácil imaginar funciones que aconsejarían su presencia.
Por el contrario, hay presencias que implican importantes ausencias: si Microsoft es protagonista del programa, quiere decir que el Estado -o al menos su Ministerio de Economía- ha desechado la alternativa de usar desarrollos de software libre en las aplicaciones de mayor difusión, como lo hacen varios países y a lo que invita Brasil, desde hace tiempo, sin obtener ninguna respuesta. Además de otras objeciones, planteadas por ejemplo por NEC, que hoy fabrica en la Argentina con un porcentaje de componentes nacionales mayor del que se pediría en el proyecto del Gobierno.
Hace algunos años se intentó un programa equivalente en su alcance y financiación. Es de desear que esta vez se hayan estudiado con detalle sus logros e inconvenientes.
La iniciativa del programa Mi PC debe ser apoyada porque significa poner al alcance de muchos miembros de nuestra sociedad una herramienta imprescindible para manejarse en el mundo actual, pero sería positivo que el Gobierno tomara en cuenta, para disiparlas, las dudas que el programa ha generado.


