Generaciones jóvenes: nuevas ideas y valores
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En los años que corren se ha ido denominando a las nuevas generaciones mediante las letras finales del alfabeto; la última, la más joven es la generación Z. En cada una se han destacado determinados rasgos y formas de comportamiento que les confieren un perfil propio. Es de subrayar que la estimación de los años que van separando a las camadas generacionales se ha ido acortando. Antes, se consideraba que el ciclo generacional alcanzaba a 30 años; en las primeras décadas del siglo XX se redujo a 15 y, contemporáneamente, se habla de una década. Esa reducción refleja, por una parte, la fluctuación de intereses que se opera en las diversas camadas y los nuevos criterios de valoración y, por otra, la distinta sensibilidad y las modificaciones de la conducta social de los adolescentes.
¿De qué dependen esos cambios? Existen factores niveladores del espíritu generacional, entre ellos, las experiencias sociales e históricas propias, la enseñanza recibida, los liderazgos ejercidos, los nuevos inventos y descubrimientos. A la vez, las generaciones mayores se van tornando rígidas y ello las debilita en su influencia, mientras ganan espacio las nuevas ideas y valores con vocación de ser dominantes. En ese ámbito social en que vivimos, quienes conducen procesos y comportamientos son miembros de la generación adulta en gestión, como la llamaba José Ortega y Gasset. En tanto, la generación más joven que le sigue se encuentra en la etapa de gestación.
La constante inserción de innovaciones, sobre todo en el campo tecnológico, convoca las preferencias de los chicos de la generación Z. Cuando los padres son jóvenes están próximos a esas preferencias. La relación entonces fluye. Hay en los representantes de la camada Z un gusto por lo flexible, lo cambiante, lo que no decae en la rutina.
Conviene considerar estas apreciaciones con lógica prudencia y a sabiendas de que los años que han de venir les exigirán nuevas respuestas a las demandas de la vida y los acontecimientos. Ese devenir social e histórico los llevará a repensar actividades, preferencias y actuales juicios de valor. Sin desconocer que los avatares del futuro modificarán proyectos y aspiraciones, resultan alentadoras las virtudes que se muestran hoy en los representantes de esta generación juvenil, interesados en los estudios y en la elaboración de planes para su porvenir.






