Hacer perder el tiempo, un daño moral

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2 de junio de 2019  

"Tiempo es dinero" es una máxima atribuida a Benjamin Franklin que no pierde actualidad; muy por el contrario. En una sociedad castigada por divisiones de todo tipo, uno de los pocos comunes denominadores es la falta de tiempo que nos afecta a casi todos, en una carrera cotidiana que nos impulsa, incluso, a descontar ratos de sueño. ¿Quién no querría disponer de un par de horas más para dedicarle a la familia, al ejercicio físico, al entretenimiento o al ocio?

Nuestros gobernantes han empezado a tomar nota de este tipo de demandas. Es así como nos proponen tardar menos para llegar a nuestros lugares de trabajo con carriles de metrobús o con viaductos, por dar solo un par de ejemplos, que reducen las demoras. Cada minuto cuenta en esta desenfrenada corrida contra el tiempo.

La tecnología que, por un lado, nos absorbe también nos ofrece la posibilidad de gestionar y tramitar las más diversas cuestiones online, y así evitar las engorrosas diligencias presenciales a las que muchas empresas y dependencias solían someternos sin excepción y que hoy se han reducido.

Nuestro tiempo ha de ser nuestro. Así lo confirmó un fallo de la Justicia rosarina que multó a una empresa de medicina prepaga por haber demorado a una menor de edad con discapacidad una cobertura que ya había sido ordenada vía sentencia judicial firme. Esta dilación obligó a la madre a continuar dedicando horas de su vida a reclamar para superar los inconvenientes surgidos de que no le reconocieran, durante años, las prestaciones oportunamente autorizadas. Los jueces consideraron que la parte demandada había asumido una "conducta reticente y dilatoria", destacando que la atención no fue "suficiente y oportuna". La Obra Social de Docentes Particulares (Osdop) fue así condenada a pagar 100.000 pesos en concepto de daño moral por haber demorado e incluso negado, sin motivo, el acceso a las prestaciones ordenadas por la Justicia para la menor.

La lucha de esta madre "en busca del tiempo perdido", en palabras de Marcel Proust, encontró eco en el Poder Judicial. Celebramos que así fuera y deseamos que los ciudadanos encontremos siempre el amparo de un sistema que no consienta abusos como este y como tantos otros a los que nos vemos sometidos a diario, tanto en el sector público como en ciertas empresas privadas proveedoras de servicios, obligados a subordinar nuestro valioso tiempo a infinidad de asuntos de toda monta.

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