"La Argentina nos duele"
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Las generosas colectas que se realizaron en España en los últimos días con objeto de reunir fondos para ayudar al pueblo argentino a paliar los efectos de la severa crisis que nos está agobiando constituyen una conmovedora muestra de solidaridad y conforman un testimonio claro y profundo del lazo de afecto que vincula a las dos naciones. Al mismo tiempo, sin embargo, no deja de ser doloroso que nuestra imagen en el mundo sea hoy la de un país sumido en la desolación y la extrema pobreza.
El dinero recaudado durante dos días consecutivos en 60.000 misas celebradas en iglesias católicas de diferentes lugares del territorio español será destinado íntegramente a brindar asistencia a nuestro pueblo. De ese esfuerzo -impulsado por Caritas española en coordinación con su par argentina- se estima que habrán de obtenerse, en definitiva, unos seis millones de dólares.
Paralelamente, la fundación Mensajeros de la Paz envió un barco con 280 toneladas de remedios y alimentos no perecederos, que partió de Valencia y llegará a Buenos Aires en los próximos días. Los estibadores portuarios que cargaron esos elementos decidieron no cobrar por su trabajo -les demandó cuatro días- al enterarse de que se trataba de ayuda solidaria para nuestro país. Algunos memoriosos hicieron notar que el barco cruzará el Atlántico en dirección inversa a la que siguieron hace más de medio siglo los cargueros que transportaron trigo y carne provenientes de la Argentina para combatir el hambre que asediaba a los españoles en los días críticos de la década del 40.
Desde que se agudizó -en diciembre- nuestra crisis política y económica, brotaron en los diferentes sectores de la sociedad civil española vigorosas manifestaciones de solidaridad y un deseo intenso de brindarnos ayuda. Las primeras reacciones que se pudieron observar provenían del seno del pueblo español, de gente anónima, no de las instituciones ni de los gobiernos. Esas primeras reacciones espontáneas adoptaron las modalidades más variadas y en algunos casos resultaron altamente emotivas. En varios pequeños poblados gallegos se apeló al recurso de rifar gallinas o cerdos para juntar fondos. Luego se fueron sumando al esfuerzo solidario campañas más organizadas, en las que se involucraron algunos gobiernos regionales y hasta varios clubes de fútbol y empresas organizadoras de corridas de toros, que promovieron colectas o donaron sus recaudaciones.
La colecta realizada en las iglesias católicas -de la que participaron 23.000 parroquias- se realizó con el siguiente lema: "La Argentina nos duele". Las crónicas de la corresponsal de LA NACION en España reflejaron claramente, en estos días, el asombro de muchos españoles por el hecho de que un país que tuvo tan largo prestigio en el mundo como proveedor de alimentos -y que durante un largo período del siglo XX fue sinónimo de bienestar y progreso- esté hoy en una situación tan extremadamente crítica. Esas reacciones nos conectan con el sentimiento al que hicimos referencia más arriba: el que nos hace sentirnos doloridos por la imagen negativa de la Argentina que en estos momentos está recorriendo el mundo.
Los argentinos recibimos esta prueba de afecto de España con sentimientos encontrados. Por un lado, tonifica nuestro espíritu y compromete nuestra gratitud la espléndida actitud moral de tantos españoles que no han vacilado en contribuir a paliar nuestro infortunio. Por el otro, nos deja un regusto amargo la comprobación de que el mundo nos contempla, con razón, con desconcierto y compasión.





