
La creciente invasión de los "trapitos"
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A pesar de las reiteradas denuncias y quejas de vecinos y automovilistas, la actividad de los ciudacoches en la ciudad de Buenos Aires, lejos de disminuir, parece haber aumentado considerablemente debido a la falta de controles y a la desidia de las autoridades. Con el consabido y clásico "se lo cuido, jefe", los también denominados "trapitos", organizados en grupos numerosos, se apropian del espacio público y sólo permiten estacionar a quienes pagan una tarifa que varía en las zonas más concurridas entre 10 y 20 pesos. Esa tarifa, según el espectáculo o la dificultad para encontrar sitios donde estacionar, puede subir en los días de mayor demanda. Según las denuncias, los barrios más afectados son Caballito, Palermo, Belgrano, Núñez, Las Cañitas y San Telmo.
Las situaciones más abusivas se dan en las inmediaciones de los estadios de fútbol los días de partidos y, fundamentalmente, cuando hay recitales. Las víctimas son todos los automovilistas que transitan por esas zonas, pero particularmente la gente mayor, los que vienen del interior del país y las mujeres. Con ellos, el "apriete" de los cuidacoches tiene mayor eficacia. Sobre el particular, el artículo 79 del Código Contravencional porteño, aprobado a fines de 2004, establece que "quien exige retribución por el estacionamiento o cuidado de vehículos en la vía pública sin autorización legal es sancionado con uno a dos días de trabajo de utilidad pública o multa de 200 a 400 pesos. Cuando exista organización previa, la sanción se eleva al doble para el organizador".
El texto de la ley poco tiene que ver con lo que en realidad ocurre no sólo en los barrios señalados, sino también en muchas calles de la Capital: los cuidacoches ejercen su actividad sin oposición ni castigo alguno; en muchos casos, incluso, exigen el pago por adelantado y con una suma fija. Y cada vez ofrecen más servicios.
En efecto, por medio de volantes distribuidos en la vía pública, los cuidacoches ofrecen su teléfono celular para que el interesado se contacte con ellos y reserve un lugar hasta un horario determinado y el lavado del automóvil por 15 pesos.
Increíble, pero real: con conos rojos o anaranjados fosforescentes, reservan espacios para vehículos que en algún momento llegarán a estacionar y no permiten que lo hagan los que pasan por el lugar. Es decir, privatizan el espacio público.
Lo cierto es que los cuidacoches se convirtieron en parte del paisaje de Buenos Aires y en un problema que debe ser resuelto. Para el presidente de la Comisión de Tránsito y Transporte de la Legislatura porteña, Daniel Amoroso, "tiene que haber un control para preservar a los vecinos que viven en la zona y a los automovilistas. Los cuidacoches causan un problema extra de inseguridad, porque es gente que controla los movimientos de quienes circulan por la zona".
En el Ministerio Público Fiscal de la ciudad admiten que la actividad creció, aunque no se refleje en el número de denuncias ingresadas en ese organismo en lo que va del año en relación con 2007. Vale apuntar también que la policía sólo puede sancionar a los conocidos "trapitos" en caso de que los sorprenda dañando un vehículo o en el acto mismo de reclamar el dinero.
Las autoridades porteñas deben dar pronto una solución a este problema, cuyo costado social sólo encontrará soluciones en la creación de fuentes laborales. Debe cesar de inmediato esta actividad ilegal, muchas veces extorsiva, por la que los cuidacoches se apropian del espacio público en beneficio propio.






