La crisis social y los piqueteros
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Nadie puede negar hoy que las demandas de los sectores más desprotegidos de la población están plenamente justificadas y que el nivel de descontento social alcanza proporciones muy elevadas. Pero nadie puede, por esos motivos, alzar su voz contra las instituciones de la República y pretender violar la Constitución Nacional, ni instando a puebladas para derribar al Gobierno, ni coartando el derecho a circular libremente en el territorio nacional por medio de cortes de rutas.
Los piqueteros que anteayer resolvieron intensificar los cortes de carreteras en todo el país a partir del martes próximo en rechazo a las medidas de ajuste en el sector público dispuestas por las autoridades nacionales se equivocan doblemente. Por un lado, ignoran derechos elementales de los ciudadanos al desconocer la Constitución; en segundo lugar, olvidan que el recurso de obstaculizar las vías de comunicación de la República sólo sirve para agravar los conflictos y engendrar focos de violencia que alejan la posibilidad de resolver en forma adecuada los diferentes problemas planteados.
El uso de la violencia para reclamar respuestas a los dramas sociales sólo contribuye a generar más violencia. Es lamentable que quienes recientemente sesionaron en la llamada "asamblea nacional de organizaciones sociales territoriales y de desocupados" en San Justo, no lo adviertan. Quizá se den cuenta de su error cuando ya sea demasiado tarde y haya que lamentar daños irreparables.
Sin duda, la extensión del fenómeno de los piqueteros no hubiera sido posible sin las dificultades sociales que, como muchos otros países, tiene hoy la Argentina. Pero resulta erróneo concluir que los piqueteros son sencillamente una manifestación de la crisis social.
Es innegable que detrás de los movimientos piqueteros convergen grupos muy heterogéneos, que no siempre tienen como principal preocupación canalizar las demandas de los que menos tienen. Pueden encontrarse en los piquetes, junto a las personas que realmente sufren las consecuencias del elevado nivel de desempleo, otros sectores formados por líderes locales que trafican los llamados planes Trabajar y, además, grupos cuyo único fin es imponer la provocación, la violencia y el caos.
Algunos dirigentes que tomaron parte en cortes de rutas no han dejado mucho margen para la duda. Quien encabeza la denominada Corriente Clasista y Combativa, Carlos "Perro" Santillán, por ejemplo, ha sostenido que la única solución a los problemas que enfrentan los trabajadores argentinos es la ocupación de lugares públicos y hasta la resistencia armada. En el plenario de piqueteros efectuado anteayer no pocos asistentes se declararon en favor de buscar la forma de "echar" al actual gobierno nacional.
Tales declaraciones, sumadas a la presencia de importantes representantes de corrientes políticas de izquierda, como el Partido Obrero, la Izquierda Unida y el Partido Comunista -desnaturalizan el carácter social y espontáneo que los cultores de los cortes de rutas les quieren dar a sus acciones-, no hacen más que profundizar el rechazo que en la opinión pública generan estas actitudes de violencia.
No estamos en presencia de una consecuencia espontánea de inquietudes sociales desbordadas por la cruda realidad económica. Estamos, lisa y llanamente, ante un fenómeno cuyos impulsores sólo quieren sembrar una situación de caos.
Es de esperar que, frente a las nuevas amenazas de cortes de carreteras, el Estado -al margen de buscar alternativas para paliar la situación de los sectores más desprotegidos- tome todas las medidas necesarias para garantizar el orden y los derechos de la ciudadanía, no dudando en sancionar a sus instigadores.


