La educación cívica en la escuela
Debe ser atendida en forma urgente la inquietante declinación en el conocimiento de cuestiones básicas de nuestra sociedad
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Una reciente encuesta del Centro de Opinión Pública de la Universidad de Belgrano confirma la insuficiente preparación cívica de nuestra población. Esta se manifiesta en carencias de información y en errores de criterio que, a menudo, la incapacitan para ejercer con idoneidad las funciones de la ciudadanía. Esto se aprecia en cuestiones básicas, como en las que conciernen al papel de los tres poderes de la Nación, la forma en que se constituye el Congreso o en lo que respecta a los derechos humanos.
Ese vacío en la educación del ciudadano significa una declinación inquietante en cuanto al logro de los objetivos que impulsaron los hombres de la Organización Nacional, en el siglo XIX, cuando universalizaron la escuela como constructora de la sociedad democrática. Desde luego, una misión tan elevada excedía el desarrollo de una materia. Fue la escuela, en su conjunto, la que quedó comprometida, por una parte, a proveer los conceptos centrales y a promover los comportamientos que distinguen el accionar del ciudadano y, por otra, a demostrar en la actividad cotidiana el respeto por las personas y las reglas morales.
A la Instrucción Cívica se le asignó una tarea específica: hacer conocer la Constitución Nacional, sus antecedentes y sus normas fundamentales, entre las cuales se encuentran los derechos y deberes del ciudadano. Lamentablemente, las alternativas políticas del país repercutieron para que se produjera un deslizamiento del sentido de la materia, que se convirtió en un instrumento de captación ideológico-partidista ya con otro nombre, como ocurrió con Cultura Ciudadana. Los cambios de denominación, de contenidos y de objetivos se reiteraron con gobiernos civiles y militares.
Actualmente, la Formación Etica y Ciudadana no se rige por un programa estricto, cosa que viene ocurriendo desde la reforma de 1993. Partiendo del criterio de que los alumnos deben prepararse moral y cívicamente, los contenidos son flexibles y se refieren a las nociones de persona, normas y su relación con la vida social, la Constitución Nacional y los derechos humanos. Se ofrecen así conocimientos filosóficos, históricos, jurídicos y sociológicos cuyo acento depende en buena medida de la capacitación o preferencia del docente.
La experiencia didáctica indica que el aprendizaje de esta disciplina necesita apoyarse en la dimensión práctica. Niños y adolescentes deben aprender a conocer e interpretar las leyes o normas abstractas ante realidades sociales concretas. Así también tienen que apreciar que, una vez sancionadas, las leyes son obligatorias para todos porque todos son iguales ante la ley. En ese propósito de vincular, por ejemplo, las formas constitucionales que organizan la Nación con la realidad cotidiana, puede ser útil acudir a la lectura de noticias periodísticas para información y comentario crítico.
Han de comprender también los chicos que del mismo modo que hay procedimientos establecidos para legislar, existen vías formales para enmendar o perfeccionar una ley de acuerdo con pasos previstos. En la escala de lo posible ese aprendizaje se puede ir haciendo a través de las reglas de la vida escolar y de la experiencia del aula, tal como sugiere la Unesco en un texto dedicado a proponer modos de enseñar los derechos humanos.
Ahí se destaca la importancia de la práctica de los derechos, tal como los alumnos los perciben en hechos que ocurren en la escuela y en la comunidad, y promover la participación activa de los alumnos en la organización y dirección de ciertas actividades en las que tienen que asumir responsabilidades y solucionar problemas que guardan relación con cuestiones cívicas.
Al margen de la escuela, un escollo muy serio en la enseñanza moral y cívica es el contexto de la sociedad y sus instituciones cuando las normas no se cumplen. He ahí un problema central, causado por la conducta y los procedimientos irresponsables de gobernantes y funcionarios que, al omitir el debido respeto por la ley, generan en chicos y adolescentes un temprano descreimiento de los contenidos de la formación cívica, que parecen pertenecer a la esfera de una existencia meramente ideal.






