La moda del "titulismo"
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Da la impresión de que los escándalos universitarios respecto de los títulos falsos otorgados a estudiantes extranjeros por universidades nacionales podrían tener otro tipo de consecuencias, aparte de las lógicas investigaciones para dar con los culpables y aclarar definitivamente la verdad.
En los últimos tres o cuatro años parece haberse puesto de moda una apetencia de títulos de grado, posgrado y máster por parte de los empleadores, a la cual las casas de estudios estatales y privadas de todo el mundo se han visto casi obligadas a responder de manera compulsiva. A tanto ha llegado esta tendencia que no es raro recibir, por ejemplo, por correo electrónico -con más frecuencia de cuanto sería razonable esperar-, una catarata de proposiciones y anuncios de los más variados de ofrecimientos de diplomas. Justamente, hace muy poco, en una carta a este diario, un lector se quejaba amargamente de estos avisos "que llegan por mail, con un birrete como isotipo", y contienen ofertas de diplomas de doctorados en las más prestigiosas universidades norteamericanas (Yale, Harvard, Columbia, etcétera). Y es cierto que poco ayuda a confiar en la transparencia de estas propuestas el hecho de que el sistema las registre como "posible SPAM".
Lamentablemente, no es la primera vez, por lo menos en nuestro país, que ocurren hechos semejantes. Así, en abril de 1997 -por dar un ejemplo relativamente reciente-, nos referíamos, en un editorial titulado "Falsificación de títulos de abogados", al hecho de que "una investigación encarada en forma conjunta por el Colegio Público de Abogados de la Capital Federal y la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UBA ha determinado la existencia de casos sospechosos y permitió poner a la vista diversos procedimientos para llegar a la obtención de un título falso con apariencias de verdadero, que permitiría el ejercicio ilegal de la profesión, con imprevisibles consecuencias jurídicas".
Pero ahora las características de este fenómeno son todavía más preocupantes, porque entran en juego las relaciones "internacionales", es decir que se ven implicadas no sólo casas de estudios nacionales sino también extranjeras; en el caso que nos ocupa, las universidades argentinas de Formosa y de Tierra del Fuego, y un instituto privado madrileño, de nombre Cibernos -ya había sido multado por el gobierno de su país justamente por ofrecer servicios educativos inexistentes- y algunos otros, aparentemente norteamericanos, como la World University, que también carecería, según nuestro Ministerio de Educación nacional, "de existencia real, lo mismo que de aulas o instalaciones".
Si el tema no fuera de tanta gravedad, no vacilaríamos en calificarlo de un nuevo "cuento del tío" pero de nivel internacional, que juega con la credulidad de los estudiantes a distancia. Porque lo que también pesa -y de allí la desesperación de los que estudian por presentar títulos y más títulos en sus CV, cuando lo hacen de buena fe- es esta exigencia desmedida de exigir un extenso currículum vítae de un postulante, dejándose deslumbrar más por el origen de esas diplomaturas que por su verdadero peso específico. Si recordamos que un genio de la arquitectura como Le Corbusier nunca completó sus estudios de arquitecto o que Jorge Luis Borges sólo tenía un bachillerato -aunque en Ginebra-, podemos estar seguros de que hoy no pasarían ningún test de aprobación para aplicar ni a una universidad ni a un empleo.
Mientras tanto, en la edición del viernes último, la corresponsal de este diario en España informaba que el instituto español Cibernos ya tenía otros 42 alumnos inscriptos para una nueva promoción en pos de los controvertidos títulos de licenciados en sistemas de la Universidad Nacional de Formosa (UNAF) porque, como la comisión encargada de investigar las supuestas irregularidades está, al parecer, en receso veraniego, no ha recibido ninguna comunicación oficial que diera de baja el convenio internacional.
Por eso insistimos en la urgencia de que estos supuestos fraudes se aclaren rápida y definitivamente. No sólo está en juego el prestigio de dos universidades nacionales, sino también el hecho de que un diploma debe valer por cuánto realmente significa: el resultado del esfuerzo y el trabajo de un individuo que está convencido de que los estudios que realizó le permitirán desarrollarse en su ámbito laboral y ser, también, mejor persona ante sí mismo y ante la comunidad a la cual pertenece.






