La propuesta de un bono perpetuo
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Mientras las negociaciones entre los acreedores del Estado argentino y el gobierno nacional continúan sin avances, una asociación de tenedores de bonos de nuestro país ha presentado una propuesta alternativa basada en la creación de un nuevo bono a perpetuidad, del que el Estado sólo tendría la obligación de pagar intereses, que merecería considerarse con seriedad.
El mencionado bono, denominado Obligaciones Perpetuas Preferidas del Estado Nacional (Oppren), fue propiciado por la Asociación de Damnificados por la Pesificación y el Default (Adapd) y se inspiró en uno emitido por Gran Bretaña después de la Segunda Guerra Mundial, con la idea de transformar la deuda vencida en una perpetuidad que pagaría en forma semestral intereses vencidos.
Según la iniciativa de la asociación, para los primeros cinco años el bono pagaría un interés anual del 4% y finalizado ese plazo se lo ataría a una tasa de referencia como la Libor.
La colocación de un bono perpetuo como sustitución de una parte de los globales tiene sus ventajas y sus desventajas. Asumiendo que el cupón del perpetuo es del 4%, primero la Argentina tiene que ser capaz -teniendo en cuenta sus otros vencimientos- de pagar los servicios de la deuda, con sus implicancias sobre el tipo de cambio.
La Argentina no debería, como concepto general y mas allá de la reestructuración, colocar deuda a estos niveles. Pero en busca de reparar un error puede ser ésta una alternativa por considerar por parte del Gobierno.
Las autoridades nacionales buscan una quita del 75% que deje al país en una situación de pago que sea factible desde el punto de vista de caja y de la relación entre la deuda y el PBI. El instrumento propuesto por el grupo de acreedores argentinos no disminuye esta relación, por lo que difícilmente sea considerada por el Gobierno.
Sería importante, de todos modos, que los representantes del Estado argentino y los acreedores pudieran dialogar francamente y considerar distintas alternativas, como la propiciada por el grupo de bonistas argentinos. Es trascendente destacar que, a diferencia de lo que se pretende hacer creer desde el Gobierno, un alto porcentaje de tenedores de bonos en default son argentinos y que una porción no menor de ellos fueron llevados por la propia propaganda oficial a adquirir esos títulos como una manera de ahorrar apostando al país. Del mismo modo, corresponde recordar que el 70% de los aportes previsionales a las AFJP fue transformado en bonos ahora en default.
Teniendo en cuenta esos datos, es de esperar que la cuestión de la deuda pública deje de ser tratada como un debate entre defensores de los intereses de la patria y simples esquilmadores con intereses mezquinos.
Durante el último año, la economía argentina ha experimentado una saludable recuperación, luego de haber caído en un profundo pozo. Las proyecciones para este año indican que la reactivación continuaría; sin embargo, parece obvio que a medida que las industrias nacionales comiencen a utilizar casi la totalidad de su capacidad instalada, se requerirán más y nuevas inversiones de capital para sostener el proceso de crecimiento. Una exitosa conclusión de las negociaciones con los acreedores privados será decisiva para alentar tales inversiones; por el contrario, su estancamiento provocaría incertidumbre y el peligro de que la economía se paralice nuevamente a corto plazo. Resulta fundamental, entonces, que el Gobierno ponga el máximo empeño en buscar un acuerdo razonable, que tenga en cuenta la necesidad de honrar los compromisos nacionales, al igual que las reales posibilidades del país.






