
La Reserva Ecológica, en peligro
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Ante ojos inexpertos, la Reserva Ecológica y Parque Natural Costanera Sur aparentaría ser un paraíso, tal como lo certifican los miles de visitantes que diariamente la visitan. Sin embargo, basta con darle una mirada en profundidad para ver que, a pesar de los desvelos de sus empleados, el prolongado desinterés de las autoridades porteñas contribuye a destruir muchos de sus atractivos naturales.
Además de los más de trescientos incendios que ha padecido la Reserva, penden sobre ella las amenazas de fastuosos proyectos inmobiliarios o de costosas autopistas, a las cuales se suman graves problemas ambientales que requieren una inmediata solución, porque en caso contrario el colapso de tan irremplazable espacio urbano será inevitable.
La Reserva Ecológica se encuentra totalmente invadida por especies exóticas que no sólo constituyen una amenaza para el área y un problema para los seres humanos, sino que además producen un profundo impacto negativo que afecta el funcionamiento y la salud general de los ecosistemas. Estos invasores van colonizando nuevos sectores y contribuyen a la extinción de muchas especies animales y vegetales originales mediante la competencia, predación o alteración del hábitat, con lo cual generan una pérdida de biodiversidad.
Si bien la introducción de especies exóticas puede ser intencional o accidental, ello no justifica la presencia de jaurías de perros cimarrones en el área protegida. Durante años, dueños desaprensivos utilizaron la Reserva como sitio propicio para abandonar a sus mascotas. Resulta esencial, entonces, poner en práctica un plan de acción destinado a reubicar los perros salvajes con la finalidad de proteger la fauna silvestre que está siendo atacada y diezmada y evitar las probables amenazas a los visitantes. De por sí, ya es notable la alarmante disminución de la población de coipos, cisnes y lagartos causada en el interior de la Reserva por la presencia de los canes cimarrones.
Además, tras los incendios -intencionales y nunca esclarecidos- la tierra quemada es rápidamente cubierta por muchas otras especies vegetales exóticas, produciéndose una invasión importante que, lejos de detenerse, avanza sin pausa sobre las especies autóctonas que se van perdiendo.
En cuanto a las lagunas, basta observar su coloración para determinar, a simple vista, que han sufrido un fuerte proceso de salinización, lo cual ha traído como consecuencia la emigración de los animales en busca de hábitat más propicios. Asimismo, en varios lugares de la costa de la Reserva hay hierros que constituyen un grave riesgo para los visitantes. En el margen sur, más de seiscientas personas se asientan precariamente junto a un canal contaminado, en el que obtienen bogas enfermas y coipos protegidos como alimento. Junto a estas viviendas de emergencia ha sido instalado un depósito judicial con más de 300 vehículos abandonados.
Todo un escenario que demuestra la urgencia de una solución que devuelva la tranquilidad a la Reserva y a sus visitantes. De este modo se evitarán los actuales impactos ambientales, económicos, sanitarios y sociales.
A lo largo del tiempo, las autoridades porteñas han ido cediendo terrenos propios de la Reserva Ecológica -dentro de ella hasta hubo un palomar- y han tolerado toda clase de depredaciones. Después de que ese parque natural logró sobrevivir a más de 300 incendios, no se puede permitir que siga siendo degradado por efecto de la desidia y de soterrados intereses. Por el contrario, y tal como lo establece expresamente la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires, se deben garantizar su integridad y sus características, que han provocado admiración a más de un visitante ilustre.
Será una iniciativa positiva impulsar la actualización y vigencia del plan de manejo actual, a fin de dotar a la Reserva Ecológica de una gestión actualizada, que permita el cumplimiento de sus objetivos de conservación, educación ambiental y uso didáctico, recreativo y público, a través de prácticas racionales que contrarresten su hasta ahora inexorable proceso de degradación. Es menester defender el valioso patrimonio natural de esa porción de la costa del Río de la Plata. Si la Reserva deja de ser ecológica para convertirse en un predio degradado, habremos contribuido a su desaparición -objetivo perseguido por quienes aspiran a convertirla en plataforma de ciertos emprendimientos urbanísticos-, mientras que la ciudad y nuestras futuras generaciones habrán perdido un espacio único por el sencillo hecho de que está a tan sólo diez cuadras de la Plaza de Mayo.




