
La responsabilidad social empresarial
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Entre los muchos datos negativos que presenta hoy la realidad social argentina hay algunas señales incuestionablemente positivas que mueven a mirar el futuro con esperanza. Una de esas señales es la que indica la creciente tendencia del sector empresarial a desarrollar actividades solidarias destinadas a contribuir al bienestar general de la sociedad.
Los estudios que se han realizado sobre el tema demuestran que a lo largo de la década del 90 se ha ido manifestando en las empresas que operan en nuestro país una inclinación cada vez más amplia a volcar recursos -de manera directa o a través de la creación de fundaciones- al campo de la cooperación y el progreso social.
Un aspecto significativo es el que se expresa en el protagonismo y la pujanza que han adquirido, en esos diez años finales del siglo XX -y en lo que llevamos del siglo XXI- las organizaciones sin fines de lucro. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, existen 104.642 entidades de ese tipo en nuestro país, aunque no todas tengan personería legal.
Es cierto que el fenómeno de la responsabilidad social empresarial está lejos todavía de alcanzar la magnitud que exhibe en los países más desarrollados. Pero la tendencia señala una evolución favorable. Así lo consigna un sólido trabajo de investigación realizado por Marcelo Paladino para la Escuela de Dirección y Negocios de la Universidad Austral, cuyas conclusiones se dieron a conocer en junio último.
En ese estudio se señala que, a pesar de la severa parálisis que padece la economía argentina desde hace cuatro años, se sigue advirtiendo una evolución dinámica en la interacción entre el comportamiento de muchos agentes empresariales y la necesidad de atender a requerimientos sociales cada vez más exigentes. Más de cien grandes empresas realizan hoy en el país actividades solidarias o filantrópicas y la mayoría de las fundaciones está reforzando su compromiso social, a medida que se ahonda la certeza de que el Estado ya no está en condiciones de desarrollar estrategias asistenciales o de brindar protección a los sectores más castigados por la pobreza con la amplitud con que lo hacía en otro tiempo. La transferencia de esa responsabilidad al sector privado es, por supuesto, un dato que debe celebrarse: forma parte del avance de la comunidad nacional hacia la eliminación de estructuras que casi siempre fueron usadas como parte de un clientelismo político decadente y hacia la canalización de la solidaridad por vías que la potencian y la dignifican.
Uno de los desafíos pendientes que afronta la responsabilidad social empresarial en la Argentinas, según el trabajo al que nos estamos remitiendo, es superar los resabios mentales que todavía vinculan esa actividad con la idea de la beneficencia o la pura donación fortuita o azarosa. En ese sentido, se advierte la necesidad de avanzar hacia una reconceptualización de la responsabilidad corporativa en nuestro país. Las acciones filantrópicas de las empresas argentinas siguen siendo, en efecto, reactivas, esporádicas y fragmentarias. Pocas veces están incorporadas a la estrategia permanente de la entidad empresarial que las promueve. "Es necesario integrar el comportamiento de responsabilidad social al centro de las estrategias empresarias", afirma el documentado trabajo de la Universidad Austral.
De todos modos, aun admitiendo que falta todavía dar ese paso, se reconoce que la comunidad empresarial argentina tiene el potencial suficiente para asumir pautas de comportamiento estables y sistemáticas en el campo de la cooperación y la responsabilidad social. Ese potencial debe ser reforzado por una visión a largo plazo, una fuerte voluntad y una mejor formación humana y profesional.
Uno de los aspectos más valiosos del estudio al que nos referimos es su acertada visión de la evolución histórica que fueron experimentando en la Argentina, a través del tiempo, los procesos de filantropía y solidaridad social. Se pasa revista, en ese sentido, a las modalidades que asumió la caridad pública y religiosa en los períodos anteriores a 1810, se registra la acción de la Sociedad de Beneficencia, se describen los aportes del populismo político de base paternalista, consolidado en la década del 40.
En un punto extremo de esa larga evolución se sitúa el avance hacia las formas actuales de la responsabilidad social empresarial. La creación del Foro del Sector Social, que hoy tiene a su cargo la coordinación de las acciones que se cumplen en ese campo, marcó un hito de suma importancia en la marcha hacia la consolidación estratégica del aporte empresarial al bienestar social.
No obstante los impedimentos que surgen de la compleja coyuntura económica -y sin desconocer los pasos que todavía deben darse para otogar mayor dinamismo y transparencia al sistema-, todo indica que la responsabilidad social en la Argentina está progresando hacia "un paradigma emergente de estrategia, sistematización y profesionalización", claramente superador de la filantropía tradicional.






