Los ACV son prevenibles
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Se estima que unos 15 millones de personas se ven afectadas anualmente por accidentes cerebrovasculares (ACV), una de las principales causas de morbimortalidad combinada cuyo aumento se dio en las últimas tres décadas. Cinco millones morirán y otros cinco quedarán afectados de alguna forma de por vida. Uno de cada cuatro adultos padecerá los también llamados strokes, cuyas consecuencias son sin duda tan graves como, en numerosos casos, prevenibles. Hablamos de la tercera causa de muerte en la Argentina, la primera causa global de discapacidad en adultos y la segunda causa de demencia.
Hoy se conmemora el Día Mundial de la Trombosis, este año dedicado a la prevención y el tratamiento del accidente cerebrovascular. El Grupo Cooperativo de Hemostasia y Trombosis (CAHT) adhiere a la consigna de la Sociedad Internacional con el lema “La vida debe fluir” y sumó “El cerebro es tiempo”.
Mientras la concientización y la educación sobre cómo proceder ante un dolor de pecho vienen conduciendo a una mayor prevención de infartos cardíacos, no ocurre igual con los ACV. Ante la aparición de síntomas neurológicos transitorios como la dificultad para mover un brazo o pierna o los músculos de la cara, trastornos en el habla, cefalea, vértigo, mareos o trastornos visuales, la velocidad con que se detecte el problema y sea atendida la persona, idealmente dentro de las primeras cuatro horas, aumentará las chances de evitar una isquemia definitiva con la muerte irreversible de las neuronas del cerebro o reducirá el daño.
El ACV isquémico se produce cuando un coágulo bloquea un vaso sanguíneo en el cerebro y el hemorrágico, cuando se produce la ruptura de un vaso sanguíneo cerebral.
Las secuelas, desde las motoras hasta las cognitivas, incluyendo la dificultad para expresarse de manera oral o escrita, afectan a los pacientes, a sus familias y a la sociedad. El impacto económico sobre el sistema de salud tampoco puede soslayarse toda vez que dos tercios de los pacientes que sobreviven a un ACV quedan con secuelas y demandan intensas rehabilitaciones.
Muchas veces los factores de riesgo, que se están dando a edades más tempranas, pueden no reconocerse y acentuar la amenaza de episodios vasculares. El ritmo de vida, el estrés, el cigarrillo y el creciente consumo de drogas han incrementado la ocurrencia en gente joven. Atender y controlar la hipertensión arterial, la diabetes, la obesidad, la dislipidemia y la vida sedentaria es clave para reducir el peligro de trombosis que llevan a un ACV. El 90% de las causas de ACV son modificables. También en este terreno educación y prevención van de la mano de la salud.




