
Los conflictos docentes
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Como es lógico, no es posible considerar los tantos conflictos docentes que están teniendo lugar en estos días como algo por completo ajeno a la ola de protestas e intranquilidad social que recorre todo el país. Por cierto, ese clima exasperado tiene influencia, mucha influencia, en el panorama general de las diferencias y enfrentamientos que desgarran a la actividad docente en el ámbito estatal, pero, a la vez, es por demás evidente que esos conflictos circulan por una vía propia, que se originan en circunstancias características de ese sector, y que crean situaciones controversiales cuyos efectos no necesariamente se esfumarán al desembocar los presentes sinsabores del país en aguas más apacibles.
Abonan este hecho varios motivos, planteados todos desde mucho antes de que la recesión haya clavado sus garras en la realidad argentina. Discrepancias sustanciales y de inocultable trasfondo ideológico acerca de la asignación de fondos a ese sector del sistema educativo, sobre la índole de la relación formal que vincula a los docentes con ese sistema y sobre el margen de autonomía que es conveniente acordar a los respectivos establecimientos son todos factores presentes desde hace décadas en la vida argentina. Si los trastornos del día agudizan las contradicciones y acrecientan la hostilidad que subyace en las protestas, en modo alguno debe creerse que el ajuste sea la causa universal de los problemas.
No es por mero azar que esta semana los paros docentes se adelantaran a la acción de los piqueteros y también, que vayan a continuarla, pues las universidades de dependencia estatal permanecerán inactivas por lo menos hasta el lunes próximo. Ayer, el paro tuvo particular incidencia en los ciclos primario y secundario de la provincia de Buenos Aires, y hoy ocurrirá otro tanto en toda la extensión del país, con el añadido de que en diversas provincias existen elementos conflictivos adicionales, en la generalidad de los casos asimismo añosos.
No faltan tampoco los problemas particulares a tal o cual establecimiento, situaciones en las que es frecuente la participación del alumnado, tal como ocurre en el Colegio Nacional de Buenos Aires, que actúa en la esfera de la Universidad estatal de esta ciudad. El mal, como se ve, tiene una difusión amplia y si el común denominador de quejas y resentimientos son las restricciones del ajuste, el resultado de las reacciones en contra de éste es la lamentable ruptura de la cadencia educativa, fenómeno que una vez más acaba de ser puesto en flagrante evidencia con la finalización de las vacaciones de invierno.
Así, cada uno de esos paros tiene su causa precisa y alegada y muchos de ellos alimentan amargas disputas sobre las responsabilidades respectivas. Por ejemplo, los acontecimientos sobrevenidos en el Nacional Buenos Aires servirán, entre otras cosas, para reavivar las polémicas sobre el manejo -o desmanejo- financiero de la Universidad local, incluidas serias irregularidades que tras durísimas imputaciones nunca nadie se ocupó de aclarar convenientemente.
Al cabo de esos encrespamientos reiterados viene la desoladora rutina de contar los días de clase perdidos, y de enumerar las provincias en las que los ciclos lectivos se ven, una vez y otra, reducidos a lapsos irrisorios y en los que es forzoso concluir aprobando "de oficio" a todos los alumnos, víctimas indefensas e irrecuperables de pugnas apenas comprensibles, precisamente en esos aspectos en que lo económico parece quedar de lado.
Pero los daños no sólo son de naturaleza formativa, en cuanto a la incompleta instrucción a que esta historia conocida ha condenado a casi una generación entera de niños y de jóvenes, sino, también, de carácter moral. Un ambiente de intemperancia permanente, de desequilibrio, de oratoria confusa y demagógica, de exigencias, de desorden, de trastornos administrativos, de instancias gubernamentales con las que es necesario entenderse a los gritos no puede ser nunca positivo en términos pedagógicos. Pero así es, por desdicha, una porción considerable de las instituciones docentes que actúan en la órbita del Estado argentino y a las que mayormente está confiada la formación de nuestros futuros ciudadanos.




