
Los riesgos de la intolerancia política
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Una serie de episodios han mostrado en los últimos días, lamentablemente, esbozos de intolerancia política desde el oficialismo hacia quienes en la oposición levantaron la voz contra proyectos impulsados por el Gobierno. El más reciente ocurrió ayer con la diatriba del Presidente contra los partidos políticos opositores que rechazan la iniciativa oficial de reforma del Consejo de la Magistratura.
"La verdad que hoy -por ayer- me parecía tragicómico ver juntos a Macri, a Carrió, gente que se dijeron tantas cosas, partidos tan diferentes juntándose para tratar de que no podamos gobernar...Me pone muy feliz que se junten para que la gente vea que el pasado está ahí, escondido... Creo que hoy faltaba De la Rúa. Ah ... y el «Innombrable» -refiriéndose al ex presidente Carlos Menem-; faltaban ellos y estaban todos".
En esa línea merece inscribirse el ataque lanzado por la senadora Cristina Fernández de Kirchner contra el vicepresidente de la Nación, Daniel Scioli -a quien a nadie se le ocurriría identificar con el arco opositor-, acusándolo de haber impulsado operaciones de prensa en su contra.
No es bueno que en una democracia que busca afianzarse después de haber salido airosa de una profunda crisis institucional se intente acallar las voces críticas hacia los proyectos oficiales. Cerrar la puerta al debate de ideas, atacando a quienes levantan banderas distintas de las del Gobierno, en lugar de enriquecer la vida institucional alimenta los rencores y cierra los caminos al diálogo constructivo del que pueda surgir el consenso.
El debate en el Senado para convalidar la decisión del Poder Ejecutivo de cancelar la deuda con el FMI alcanzó su máxima tensión cuando la senadora Fernández de Kirchner comenzó a repartir críticas contra toda la oposición, molesta por los cuestionamientos a la medida presidencial. "Si fuera inglesa diría «is too much» (es demasiado)", expresó la legisladora para manifestar su descontento ante los embates. Fue el comienzo de una exposición en la que se dedicó a recordarles su pasado político a varios senadores, con duros conceptos contra Rodolfo Terragno (Radical Independiente-Capital Federal), Ricardo Gómez Diez (Partido Renovador de Salta) e Hilda González de Duhalde (PJ bonaerense).
El presidente del bloque radical, Ernesto Sanz (Mendoza), le respondió que su insistencia en reivindicar en forma permanente el triunfo electoral de la fracción gobernante para justificar sus posiciones, en lugar de "too much" se va a convertir en "l´Etát c´est moi", como durante la Francia absolutista de Luis XIV.
Los embates también tuvieron como destinatario al vicepresidente Scioli, acusado de haber promovido operaciones en contra de la senadora por la provincia de Buenos Aires a raíz de la información sobre el desplazamiento del senador socialista Rubén Giustiniani de la Comisión de Justicia y Asuntos Penales, publicada en varios diarios, para que su lugar fuera ocupado precisamente por la primera dama. El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, alimentó la polémica al decir que "los errores, cuando aparecen impresos" en los medios, "no parecen tan errores, sino que parecen tener otra intencionalidad".
Es bueno traer a la memoria el mensaje que el gobernador de California Edmund "Pat" Brown le dejó a su sucesor Ronald Reagan: "Si no quieres que algo salga en la prensa... no lo hagas".
Más allá del acto reflejo del oficialismo de deshacer lo actuado frente a las críticas públicas y devolver a Giustiniani su lugar en la Comisión de Justicia, debe destacarse que el desplazamiento del legislador socialista pareció una nítida respuesta a su oposición a la reforma del Consejo de la Magistratura, tal como él mismo lo denunció.
Descalificar las opiniones divergentes o pretender que la prensa no las refleje constituye una grave amenaza a la libertad de expresión, además de atentar contra la pluralidad de ideas, indispensable en toda república que pretende consolidarse.
Cabe insistir en la necesidad de que el oficialismo comprenda que una victoria electoral, como la del 23 de octubre, no da derecho a pretender acallar las voces opositoras. Mucho menos, a menoscabar la investidura del vicepresidente de la Nación porque éste no se caracterice por una actitud servil hacia el sector gobernante.
Es menester poner fin a disputas estériles por espacios de poder, sobre todo cuando están alimentadas por tentaciones hegemónicas. Sembrar permanentemente conflictos desde lo más alto del poder político sólo contribuirá a elevar el nivel de conflictividad en la sociedad, cuando lo que se requiere para superar los graves problemas nacionales es todo lo contrario: ejemplos de convivencia política, apertura y diálogo.






