
Manipulación de derechos humanos
El pretexto de la defensa de estos derechos encubre a veces un manejo político tendiente a intimidar a la prensa
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De manera creciente se advierten preocupantes manifestaciones de integrantes del Gobierno y de agrupaciones políticas y sociales vinculadas con su funcionamiento político con el pretexto de la defensa de los derechos humanos y de las libertades cívicas inalienables. Se trata de un fenómeno dirigido, entre otras cosas, a intimidar a la prensa y los periodistas independientes.
Esas conductas se expresan mediante discursos, reportajes y publicaciones afines al oficialismo. Llegan, además, a las vías de hecho con escraches "anónimos", juicios públicos en plazas y grescas en espacios de debate, entre otras versiones de creciente intolerancia. Ya no sorprende el hilo conductor de todos y cada uno de esos episodios que desgarran el tejido social que, con perseverancia, los argentinos hemos procurado reparar desde la vuelta a la democracia.
De modo invariable, los actores esgrimen la causa de los derechos humanos vulnerados durante la dictadura. Sin embargo, el objetivo central de la metodología en marcha es insuflar una pretendida validez a las posiciones que sostiene el oficialismo en materias de la más rigurosa actualidad política. Se tiñen así con una falsa memoria los verdaderos fines de la acción persecutoria: dar nuevas vueltas de tuerca hacia la consolidación de un poder dominante absoluto, donde cualquier disenso es tachado de desestabilizador, destituyente o golpista.
Es cotidiano el ataque a los medios y periodistas independientes por parte de las más altas autoridades del país. El ex presidente Kirchner ha simplificado el escenario político como un sistema binario constituido por el Partido Kirchnerista y el Partido de Los Medios Opositores. Los fascismos de derecha y de izquierda han sido especialistas en ese tipo de simplificaciones.
Se ignora, con grosería que no puede llamar a engaño a nadie medianamente atento, la pluralidad de diarios, sitios de internet, radios y canales de televisión diseminados en todo el territorio nacional. Ella es en los hechos garantía incuestionable de libertad y diversidad de información y de opiniones.
Es más que sugestivo que un político oriundo de una provincia sureña ignore que, sin perjuicio de la preeminencia de determinados medios periodísticos en el radio de la ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires, el escenario periodístico nacional se encuentra caracterizado por la existencia de cientos de diarios, revistas, medios audiovisuales y digitales. Esa constelación refleja las más variadas posiciones políticas y sociales y atiende, de forma específica, la visión y sensibilidad propia de provincias, comarcas y pequeñas localidades del interior.
Al margen de la prensa actúa, entre muchos otros medios, el canal público, que llega a todo el país con programación regular que reproduce el enconado discurso oficial.
La lucha de un sector de las Madres de Plaza de Mayo se ve por estos días empañada por la fanática adhesión a los torcidos postulados oficiales. Sería obvio agregar que esa adhesión es funcional a la política de enfrentamientos brutales que enrarece la vida cotidiana. La iniciativa de llevar adelante un juicio en la Plaza de Mayo a periodistas ha sido una vuelta al túnel del tiempo, con los condimentos propios de una inquisición.
El sostenimiento del Gobierno de agrupaciones piqueteras cuyos líderes promocionan orgullosos su reciente visita a Irán y su encuentro con el presidente de ese país, que desconoce el Holocausto, muestra otra arista de una farsa inadmisible.
Como si todo pudiera hacerse y decirse sin ton ni son al mismo tiempo, en la campaña oficialista contra las empresas privadas propietarias de Papel Prensa se pretende instalar la idea de que detrás de la transferencia del paquete accionario a esas compañías, producida más de treinta años atrás, medió un delito de lesa humanidad, agravado por motivaciones antisemitas. Ninguna campaña gubernamental tan absurda conseguirá violentar la relación tradicional de buena amistad entre las expresiones más tradicionales de la prensa argentina y la comunidad judía de nuestro país.
Tenemos sobrada experiencia de las desgracias que se abatieron sobre nuestra sociedad cuando tuvieron primacía los discursos mesiánicos por sobre el debate civilizado y el fanatismo ideológico por sobre el respeto por la tolerancia. Aspiramos, en suma, a que haya un retorno inmediato a la sensatez mínima que debe privar en la esfera pública del país y que se deje de bastardear con fines políticos y económicos la defensa de los derechos humanos.




