México y el narcotráfico

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22 de octubre de 2019  

En una operación conjunta entre el Ejército y la Guardia Nacional de México, se detuvo a Ovidio Guzmán, hijo del capo mafioso Joaquín "el Chapo" Guzmán Loera, en Culiacán, capital del estado de Sinaloa. Como respuesta a la detención, integrantes del Cartel de Sinaloa desataron una oleada de violencia con un balance de ocho muertos, 16 heridos, 49 presos fugados de una cárcel y escenas de pánico en las calles por el ensordecedor ruido de armas de largo alcance, explosiones de granadas y quema de vehículos, demostrando una vez más que esta región mexicana está controlada por el crimen organizado.

Los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y los "civiles armados" alcanzaron tal magnitud que el gobierno mexicano liberó a Ovidio Guzmán y adujo que no quería poner en peligro las vidas de las personas de la ciudad. Tratando de justificar lo injustificable, el presidente Andrés Manuel López Obrador manifestó: "No puede valer más la captura de un delincuente que las vidas de las personas. Ellos -por el gabinete de seguridad tomaron la decisión de liberarlo y yo la respaldé".

El objetivo de consolidar la paz en México está siendo arrasado por la crudeza de la violencia desatada: los homicidios van camino a romper el récord del año pasado, con un aumento de más del 3% solo hasta agosto último.

Los enfrentamientos entre las fuerzas del orden y el crimen organizado en las calles de Culiacán muestran el poder y el control que tienen los grupos de delincuencia organizada, en este caso el Cartel de Sinaloa, y dejan en evidencia la debilidad extrema de México frente a los carteles de la droga. No solo lograron que el gobierno liberara a Ovidio Guzmán, sino que también demostraron a los ciudadanos de Culiacán y al resto de México quién tiene el control.

El presidente de México enfrenta una grave crisis en su gobierno al tiempo que se vuelve a demostrar que, lejos de haber sido doblegado, el poder del narcotráfico sigue intacto y robustecido, al tiempo que plantea un serio desafío al país. De manera preocupante, también deja un peligrosísimo mensaje a los carteles de la droga, lo que pone en evidencia que el gobierno es vulnerable y que puede ser fácilmente intimidado por ataques terroristas contra civiles, lo que marcará un hito histórico en la lucha contra el narcotráfico, pues en adelante nada será igual en esa tarea.

En México, como en todos los países en los que azota, el narcotráfico constituye una amenaza para la sociedad, para las instituciones y para el desarrollo económico, por lo que deben redoblarse los esfuerzos para combatir, con todas las fuerzas del Estado, sus devastadores efectos a fin de limitarlo a su mínima expresión. Lo que ha ocurrido con Ovidio Guzmán está sentando un nefasto precedente en el Estado de Derecho a nivel mundial. Claudicar ante tan peligroso enemigo es abonar el camino para más fatales resultados.

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