Milagro Sala, sinónimo de prepotencia y violencia
La dirigente jujeña y un grupo de choque que le responde protagonizaron un nuevo episodio de violencia e intolerancia que merece ser repudiado
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La violenta activista jujeña Milagro Sala -acompañada por fornidos guardaespaldas y por miembros del grupo de choque del llamado Frente Unidos y Organizados por la Soberanía Popular protagonizó un nuevo y escandaloso episodio en inmediaciones del Concejo Deliberante de la ciudad de San Salvador de Jujuy, el 17 del actual.
Con el fin de interrumpir la sesión en la que se analizaba la suba de la tarifa de taxis de la ciudad, integrantes del citado grupo comenzaron a arrojar sillas contra legisladores municipales de la oposición, y a insultarlos y provocarlos a los gritos, con epítetos de grueso calibre. Poco después, como en otras ocasiones, el grupo, con Milagro Sala a la cabeza, mostró su intolerancia con un camarógrafo que intentaba registrar lo que ocurría, al que agredieron. Mostró así abiertamente, una vez más, su conocida y repudiable estrategia amenazante e intimidatoria, pretendiendo imponer su voluntad por medio de la fuerza.
Esta nueva expresión de intolerancia se produce en momentos en que Milagro Sala, actual legisladora provincial, se aprestaría a presentar su candidatura a gobernadora de Jujuy. Sus características manifiestamente violentas, propias de alguien que no sabe de otra cosa que no sea el ejercicio de la amenaza y la intimidación, la descalifican claramente frente a la ciudadanía jujeña para el ejercicio de la función pública, en tanto ésta supone, ante todo, el trato respetuoso y tolerante hacia los demás.
Los violentos debieran ser repudiados en las urnas, pues sus conductas no son democráticas. La presión, y no la razón, parece caracterizar desde hace largo rato ya el camino de Milagro Sala y de su movimiento social, Túpac Amaru.
La política es, para ella, apenas un lugar de combate, un ambiente para destruir, en lugar de ser un espacio para el diálogo constructivo. Pero queda visto que quien es incapaz de escuchar predica, en cambio, la violencia y no sabe lo que es respetar el punto de vista de los demás.
Para Milagro Sala, amilanar, atacar, insultar, destruir y agredir de diversas formas son consignas permanentes. No sabe otra cosa. Por ello la intransigencia, la lamentable arrogancia y la total arbitrariedad que caracterizan sus violentas apariciones públicas. Ante tales características, no hay espacio para el silencio y es obligación de todos denunciar lo que sucede, sin ceder al miedo que procura sembrar ni a las presiones que ejerce en manifestación airada de insolencia hacia la esencia de la República.



