Motochorros y motoasesinos
En vez de distraerse con temas alejados de la agenda ciudadana, la dirigencia política debería enfocarse en solucionar la creciente y mortal inseguridad
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Nuestro país no da tregua. Los fríos números no logran reflejar el estado de ánimo compartido por una sociedad jaqueada. Una encuesta reciente de Management&Fit respecto de los temas que más preocupan a los argentinos volvió a poner la inflación a la cabeza (54,7%), secundada por la inseguridad (46,3%), dos caras de una misma moneda. Acompañadas por las escandalosas cifras de pobreza e indigencia, el nivel de decadencia y degradación en el que estamos sumergidos nos deja sin aliento.
La ONG Defendamos Buenos Aires reportó que, solo en los últimos 12 meses, el accionar de motochorros y motoasesinos derivó en 70 homicidios y 175 tentativas de homicidio, 40 violaciones y 440 lesiones gravísimas. En el conurbano, los tiroteos nocturnos no cesan, camino de emular la trágica situación rosarina a partir del negocio narco. En la ciudad de Buenos Aires, el radio de acción del delito abarca cada vez más barrios.
Se roba un promedio diario de 60 vehículos de dos ruedas en la Capital Federal y en el conurbano, muchos se cometen en presencia de sus dueños o en movimiento e involucran a bandas dispuestas a todo que utilizan las redes sociales para coordinarlos. Se repiten los robos e intentos de robo a motociclistas que conducen rodados de alta gama sobre las autopistas Panamericana, del Sol, Ricchieri y Ezeiza-Cañuelas; por la ruta 6 y el acceso a Capilla del Señor, en el Acceso Oeste camino hacia Luján, entre otros tantos puntos elegidos por los delincuentes para cometerlos. En un video que se viralizó, una víctima registró su escape a 280 km por hora, luego de haber sido baleada. Afortunadamente, logró ponerse a salvo.
Son robos mayormente al voleo, que buscan motos de baja cilindrada para venderlas enteras, revender repuestos en el mercado negro o, simplemente, reemplazar su propia “herramienta de trabajo”. Las de alta gama son objeto de deseo. Los delincuentes presumen con ellas en las redes. La comunidad motociclista ha comenzado a cambiar sus hábitos, tan temerosa como harta de que se apañe el delito.
El afán populista y demagógico del Gobierno por nacionalizar las autopistas del Sol y del Oeste condujo a la disparatada decisión de retirar la seguridad favoreciendo zonas liberadas. Los propios damnificados alertan sobre los tramos y lugares más peligrosos ante la falta de control policial. Una vez más, los ciudadanos se ven obligados a cubrir los enormes y peligrosos baches que deja un Estado ausente o cómplice.
Hace dos semanas, el empresario agropecuario Andrés Blaquier fue asesinado cuando quisieron robarle su moto de alta gama. Circulaba junto a su esposa a la altura del kilómetro 50 de la Panamericana. Le dispararon varios tiros, uno de ellos le impactó en el pecho. Su pareja salvó la vida. Los delincuentes escaparon con la moto, encontrada luego a unos 10 kilómetros sobre la misma autovía donde el motochorro habría perdido el control abandonándola mientras huía con su cómplice.
“No tiene ningún sentido ni explicación”, escribió Pedro Blaquier, hijo de la víctima, cargado de “impotencia y frustración”, pero capaz de sobreponerse al dolor para alentar a no perdernos en el rencor. “Se llenan la boca con los derechos humanos y con la igualdad”, dijo, con razón, Laura, hermana del hombre asesinado y harta como muchos de que el derecho de los delincuentes prime por sobre el de las víctimas, culpadas incluso por intentar defenderse.
Para los asesinos, la vida no vale nada. “Si la muerte llega, bienvenida”, posteó Luciano Jesús González, alias “Lucianito”, el joven de 18 años, con antecedentes penales, acusado de haber matado a Blaquier, detenido junto con su novia cómplice. En las redes, se lo ve con dos pistolas y un revólver, otro grosero ejemplo de la inacción del Estado que no secuestra armas en poder de la delincuencia.
El Ministerio de Seguridad bonaerense descartó que esta modalidad de robo fuera una tendencia. El senador Pablo Blanco, de Juntos por el Cambio, ya había presentado un proyecto por el que solicita a las fuerzas federales intensificar los patrullajes y coordinar acciones para intentar terminar con semejante impunidad.
Con ministros que sobreactúan o callan, la seguridad es sin duda un tema clave por abordar por los futuros candidatos. Nuestras vidas están en juego.





