Multas por no vacunar
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Nos hemos referido reiteradamente a los nefastos efectos de la falta de vacunación frente a numerosas enfermedades. Hoy la salud pública se construye en base al acceso al agua potable y los antibióticos, además de inmunización poblacional, todas ellas barreras efectivas contra distintos virus.
La baja en la tasa que la cobertura de vacunas viene experimentando preocupa, y mucho. Los brotes de sarampión y tos convulsa son claros ejemplos, con casos mortales por ausencia de inoculación en tiempo y forma. Siete niños murieron por la primera en 2025. Caída de cobertura equivale a reaparición de enfermedades que habían sido desterradas.
El movimiento antivacunas se extiende por el mundo invocando razones de libertad individual, pero desconociendo la evidencia científica que acompaña al sistema de protección colectiva, acechado también por la falta de confianza de muchos en las instituciones, en un peligroso cóctel reconocido como multifactorial. En nuestro país, un reciente estudio de la consultora Zuban Córdoba indicó que el 82% de los argentinos está a favor de las vacunas, con solo un 7% abiertamente en contra. Preocupa que apenas el 55% de los jóvenes de entre 16 y 30 años apoye la vacunación obligatoria.
Hay que distinguir que las vacunas históricas y sistemáticas han sido probadas por décadas por lo que el balance riesgo-beneficio está demostrado por millones de dosis aplicadas. En esa categoría están las que integran el calendario nacional, distintas de las más nuevas que podrían plantear alguna incertidumbre inicial.
La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) reveló recientemente que ninguna de las vacunas consideradas infaltables alcanzó el 95% necesario para asegurar la inmunidad colectiva, muchas de ellas sin siquiera alcanzar el 50%. La triple viral -contra sarampión, rubéola y paperas- de aplicación a los cinco años, que trepaba al 90% en el período 2015-2019, en 2024 apenas alcanzó el 46%.
En diciembre pasado, Mendoza tipificó como contravención el incumplimiento de vacunación según el calendario obligatorio, incluyendo denuncia judicial a los padres y multas más severas por reincidencia. Los niveles de vacunación van mejorando. Ante las primeras presentaciones, más de 70 padres se acercaron presurosos a vacunar a sus hijos.
El gobierno de la provincia de Córdoba adopta similar camino. Ha resuelto reformar un artículo del Código de Convivencia para penalizar a padres, tutores o responsables cuando incumplan el calendario obligatorio de vacunación de los menores. Las sanciones podrán ser multas, por encima de los 84.000 pesos, o hasta cinco días de arresto o tareas comunitarias en hospitales.
El ministro de Salud cordobés, Ricardo Pieckenstainer, señaló que el promedio de cumplimiento del calendario obligatorio hoy ronda el 74% y que la meta es elevarlo a 85%. Hasta el año, los controles perinatales suelen asegurar la cobertura, pero es después que los padres dejan de concurrir a vacunar a los niños.
Los equipos de vacunación saldrán masivamente a clubes, escuelas y eventos masivos, como ya lo han hecho en residencias de mayores y festivales. Los anuncios cordobeses contemplan también ampliar la cobertura de la vacuna antigripal, ampliando el rango etario actual.
En una tendencia que se extiende, en Rio Negro se presentó a principios de mes un proyecto que prevé sanciones para padres que no cumplan con el calendario de vacunación para sus hijos y que genera la obligación específica para los agentes públicos de informar al Ministerio de Salud cuando detecten a un niño sin esquema de vacunación completo.
Siempre hay que considerar no solo el riesgo que individualmente alguien pueda decidir asumir sino sobre todo el que su actitud impone al colectivo, cuando los más expuestos resultan niños, adultos mayores e inmunodeprimidos. El contexto de vulnerabilidad y carencia en el que muchos viven también agrava el escenario. Las vacunas no solo actúan con efecto preventivo, sino también frente a complicaciones que devienen de otras epidemias, como ocurre por ejemplo con la gripe que al ir mutando demanda distintas vacunas a lo largo de los años. En un contexto de alerta sanitaria por rebrotes de enfermedades prevenibles las decisiones de Mendoza y Córdoba merecen celebrarse y replicarse. La salud debe siempre prevalecer sobre los intereses particulares.


