
Piquetes y turismo
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Los operadores turísticos han manifestado su preocupación por los inconvenientes que los movimientos piqueteros generan a su sector. Uno de ellos, el más ostensible, es el obvio hecho de que los turistas suelen encontrarse, llegados a Buenos Aires, con un fenómeno que no se da en otras partes del mundo y que se traduce en múltiples dificultades para sus movimientos, particularmente en la crítica zona del microcentro, donde suelen estar ubicados los hoteles en los cuales se alojan.
La Secretaría de la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina ha señalado que las pérdidas producidas por los movimientos de este tipo pueden alcanzar al 50 por ciento de la facturación. El problema no ha adquirido aún dimensiones especialmente graves, pues el turismo se ha incrementado en un 14 por ciento respecto del año anterior, pero puede llegar a tenerlas, ya que el periodismo internacional y los propios visitantes se encargan de difundir imágenes que no contribuyen, precisamente, a incrementar el interés por venir a nuestro país.
Cuanto se ha logrado merced a las modificaciones de la paridad cambiaria que hoy benefician a nuestros visitantes puede quedar amenazado por cada mala experiencia que un turista viva en Buenos Aires, como verse impedido de transitar en forma normal o tener que presenciar escenas callejeras que no suscriben, en modo alguno, nuestra antigua imagen de ciudad culta, acogedora y segura.
La Secretaría de Turismo del gobierno local emplea unos curiosos argumentos para enfrentar este problema. Desde su página de Internet se afirma que "los movimientos piqueteros no presentan ningún tipo de peligro para el visitante". También se dice, en el mismo sitio, "que los turistas todo terreno pueden aprovechar el atasco para ver los monumentos y conocer la idiosincrasia".
Si se trata de la idiosincrasia nacional, cualquier visitante extranjero podrá componer un ensayo interior acerca de las extrañas modalidades utilizadas en nuestro país para atender problemas que en otros lugares se resuelven ordenadamente y sin provocar las innumerables dificultades que esta clase de manifestaciones conlleva y que en ningún caso dan lugar a repetidos cortes de calles para reclamar permanentemente lo mismo, sin el menor respeto por los derechos de los demás.
Hay muchas razones que obligan a pensar en la necesidad de que se tenga en cuenta lo que reclama la industria turística, pues ella ha sido, para muchas naciones del mundo, una verdadera tabla de salvación económica, no debidamente aprovechada todavía entre nosotros. Los piqueteros pueden parecer, incluso, pintorescos para quienes nos visitan y no nos entienden demasiado, pero ese pintoresquismo difícilmente sea una invitación para una nueva visita o para promover el turismo hacia nuestro país en sus lugares de origen.




