
Pirotecnia y accidentes
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La notoria baja en el número de accidentes por pirotecnia durante la pasada Navidad es, por cierto, un dato alentador. Lamentablemente, esa disminución no evitó que se perdiera una vida ni que hayan sido graves los daños causados por el mal uso de esos dispositivos. Una sola muerte -en este caso, la de un empresario santafecino, de 53 años, que falleció al explotarle en la cara un artefacto de pirotecnia- debe hacernos reflexionar sobre el sentido de este tipo de diversión.
En total, en todo el país, se registraron unos 160 accidentados por fuegos artificiales, casi la mitad que se habían contabilizado para la misma fecha del año pasado. Entre ellos, hubo varios niños. Las heridas incluyeron desde lesiones oculares leves y quemaduras, hasta otras muy graves como la pérdida momentánea y hasta definitiva de la visión.
En la ciudad de Buenos Aires, como consecuencia del calor, pero también de la pirotecnia, murió el único oso polar que habitaba en el Zoológico. Los especialistas hicieron especial hincapié en el efecto nocivo que los petardos provocaron en la salud del animal, que no pudo sobrevivir a ellos ni a las altas temperaturas, con una sensación térmica que orilló los 50 grados el Día de Nochebuena.
Es conocida la arraigada costumbre de emplear artefactos de pirotecnia en nuestro país para distintos tipos de celebraciones. Las autoridades han perseguido y evitado muchas veces la fabricación ilegal de estos productos, los que, no obstante, se siguen adquiriendo a precios mucho más bajos que los de los artículos que cuentan con la debida autorización para ser comercializados.
Precisamente, es el Registro Nacional de Armas y Explosivos el fiscalizador y contralor de la pirotecnia que se comercializa en el país. Según la ley nacional de armas y explosivos, esos productos deben mantener su envoltorio original, que es donde se puede constatar su legalidad. Allí debe figurar la autorización del Renar.
Cabe recordar, además, que la ley establece que no se deben vender artículos de pirotecnia a menores de 16 años, mientras la prudencia indica que siempre esos productos deben contar con la supervisión de un adulto. Lamentablemente, la curiosidad, la creencia de que nada malo podrá ocurrir, lleva a muchos a incurrir en errores tan comunes como intentar verificar por qué no funciona uno de estos artefactos. Y es muy común que terminen detonándose en ese preciso momento.
Se acerca la fiesta de Año Nuevo y, con ella, una nueva tentación para usar pirotecnia. Toda recomendación de cuidados resulta escasa a la luz de los riesgos que se pueden correr. Una vez más, será necesario estar muy alertas y ser cuidadosos para evitar nuevos accidentes que pongan en riesgo nuestras vidas y las de los demás.






