Plaza cerrada para todos
Los porteños no sólo se han visto privados del bello monumento a Cristóbal Colón; también están impedidos de visitar el paseo público que aún lleva su nombre
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Aunque la bella estatua de Cristóbal Colón no está más y la de Juana Azurduy capitanea ahora el horizonte hacia la Casa Rosada, la plaza que rodea el nuevo conjunto escultórico sigue estando cerrada al público, como desde 2008. Desde entonces sólo se abrió tres días, del 15 al 18 de julio de este año, que coincidieron con la inauguración del monumento a la heroína de la independencia.
En efecto, a pesar de que todavía no se le ha cambiado oficialmente el nombre al lugar público, durante esos tres días que abarcaron los festejos por el emplazamiento del monumento nuevo, la transmisión oficial lo bautizó reiteradamente como "plaza Azurduy", un anticipo de lo que vendrá. La misma arbitrariedad se ejerce con la posibilidad de que los porteños o cualquier paseante de la Argentina o turista interesado puedan darse una vuelta para comprobar in situ cómo quedaron las obras de remodelación de la plaza y ensanche de La Rábida, que se inauguraron en 2007. Fue en ese año, justamente, cuando se firmó el famoso convenio entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el gobierno nacional -entre Jorge Telerman, a cargo entonces del gobierno local, y el ex secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli-, por el cual se estipulaba que la plaza estaría abierta salvo cuando la Nación debiera "disponer las medidas de seguridad que estime pertinentes en ocasión de desarrollarse actos del gobierno nacional en plaza Colón", como recepciones a autoridades extranjeras y otras.
Esta situación, a toda vista irregular porque, desde 1996, cuando la Ciudad pasó a tener su propia Constitución, todas las plazas y los parques -con sus monumentos- pasaron a la órbita del Estado porteño, se mantiene hasta hoy. Es más, con el hecho agravante de que se avanzó, el año pasado, un poco más hacia la ilegítima apropiación del lugar, con el decreto firmado por la Presidenta por el que se determinó designar como Lugar Histórico Nacional "al conjunto urbano constituido por la Casa Rosada, el Museo del Bicentenario, la plaza Colón y la Reja Federal".
Los porteños no sólo se han visto privados de la presencia en esta plaza de uno de los monumentos más bellos y simbólicos de su patrimonio arquitectónico, la estatua del gran almirante, que en estos días languidece y se deteriora en la Costanera Norte, sino que no saben siquiera cuál será el nombre definitivo de la plaza pública que aún conserva su nombre. Si se la quiere nominar como "plaza Juana Azurduy" será necesario que la Legislatura apruebe, en doble lectura, una ley con el cambio de nombre y, por el momento, no habría ningún proyecto parecido en ese sentido.
El contrasentido constante, nacido de un capricho momentáneo de la primera mandataria, por el que la estatua de Cristóbal Colón debió "mudarse" adonde no se la viera más desde la Casa Rosada, el emplazamiento de la de Azurduy -ese regalo del presidente de Bolivia, Evo Morales, que costó un millón de dólares y ahora esta prolongada retención de la plaza porteña conforman uno más de los patéticos episodios que está dejando el kirchnerismo y su "década ganada" en la que todos los argentinos perdemos algo.






