Plebiscitar el "modelo" (I de II)
La lógica económica K se funda en la consagración a un proyecto de poder sustentado en el arbitrario manejo de la caja estatal
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Cada dos años, la ciudadanía es convocada a elegir a sus representantes y, de ese modo, convalidar o censurar la acción del Gobierno. Pero el matrimonio Kirchner es propenso a dotar a esas rutinas institucionales de una tensión dramática. Así como advierte que si el oficialismo pierde la mayoría legislativa se estaría consagrando el caos, también indica que no se trata de evaluar la calidad de su gestión, sino de "plebiscitar el modelo".
La invitación a "plebiscitar el modelo" lleva agua para el molino oficialista porque hace suponer que existe un modelo. Es decir, que en alguna instancia de la administración de Cristina Kirchner se podría identificar un conjunto de premisas y reglas con un grado aceptable de coherencia interna.
En rigor, el único indicio de que ese artefacto existiría es que la Presidenta repite, de tanto en tanto, que en la Argentina rige un "modelo de acumulación con matriz diversificada e inclusión social". Sin embargo, esta invención se reduce a un juego de palabras más o menos esotérico, ya que el Gobierno nunca dio precisiones sobre ella.
Es difícil explicar la gestión kirchnerista como el resultado de una construcción conceptual previa. Existen, sí, un conjunto de eslóganes referidos a instrumentos económicos: "tipo de cambio competitivo", "superávits gemelos" (comercial y fiscal) y "estrategia de desendeudamiento". La combinación de estas políticas habría llevado, según el discurso oficial, a una caída en el desempleo, a la disminución de la pobreza y a un aumento en la equidad distributiva, y en eso consistiría el "modelo".
Pero cuando en vez de prestar atención a la oratoria se examina la acción del Gobierno, la perplejidad aumenta. Es cierto que la conducción actual del Banco Central ha intentado mantener un tipo de cambio real más devaluado que el que hubiera determinado la libre flotación del peso. Pero ese curso de acción desembocó en una inflación que se acercó al 30 por ciento anual en 2008, al prescindir de las tan poco creíbles estadísticas del Indec. El aumento de los precios le fue quitando competitividad a la paridad cambiaria, que hoy está en los mismos niveles que habrían resultado del juego de la oferta y la demanda. Lo que ha quedado para plebiscitar, entonces, es un tipo de cambio no competitivo con inflación.
La de los "superávits gemelos" también es una consigna engañosa. La evolución del gasto (un 24 por ciento de aumento sólo en 2008) y la reducción de la recaudación hacen que el superávit fiscal tienda a cero. Es el mediocre resultado al que se llegó después de fijar retenciones confiscatorias, de incautarse de los ahorros jubilatorios y de subir las tarifas para reducir subsidios poco transparentes que se volvieron insostenibles. Plebiscitar la política fiscal sería, entonces, convalidar que en 2009 el superávit fiscal primario caerá al 1,5 por ciento del PBI, después de haber estado en casi el 4 por ciento.
El superávit comercial es tan artificial como el fiscal. No se debe a que haya mejorado el perfil comercial de la Argentina, sino a que subieron los precios de los bienes que exporta el país, a que cayeron las importaciones por una retracción del consumo y a que la desconfianza en el Gobierno provocó una fuga de capitales que, desde principios del año pasado, suma cerca de 30.000 millones de dólares. ¿Qué sería plebiscitar la política de comercio internacional de la Argentina? ¿Pronunciarse sobre la estrategia de cierre de mercados internacionales de la Oncca y la Aduana? Tal vez haya que votar a favor o en contra de un modelo de déficit gemelos con desaliento a las exportaciones.
Tampoco es fácil someter a un plebiscito la estrategia del desendeudamiento. Con un perfil de deuda similar al de Brasil, Uruguay o Filipinas, los bonos de la Argentina rinden un 30 por ciento. Es decir, el mercado teme un nuevo default.
También es difícil encontrar un "modelo" energético. Salvo que se piense en el faraónico Gasoducto del Sur, que iba a recorrer desde el Orinoco hasta el Río de la Plata. O en Enarsa, que hasta ahora no destinó un peso a exploración local, pero se asoció con Pdvsa para invertir en Venezuela. O que se considere digno de ser plebiscitado el hecho de que la Argentina, por no incentivar la inversión local con tarifas razonables, haya importado gas a los precios más caros del mundo y se convirtiera en importadora de petróleo. El "modelo productivo" dejó sin energía a la industria en el invierno de 2007 y destinó decenas de miles de millones de pesos a subsidiar el consumo de la clase media y alta, mientras que las garrafas no dejaban de subir.
La idea de que existe un "modelo" económico es engañosa. Tan engañosa como la idea, esbozada desde el kirchnerismo, de construir una burguesía nacional, que disfraza las prácticas tendientes a favorecer a empresarios cercanos al oficialismo. No se guía la administración actual por un sistema de premisas relacionadas entre sí con cierto rigor lógico.
El gobierno kirchnerista no ha tenido expresión más clara que el voluntarismo vacío de estrategia de Guillermo Moreno. Por eso, cuando se termina de explorar el "modelo", se descubre que no se trata de un conjunto de ideas llevadas adelante con procedimientos consistentes. El "modelo" se reduce a la voluntad imperativa y autoritaria de Néstor Kirchner. Es esa voluntad lo que va a plebiscitarse.





