Presencia de menores en Cromagnon
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La tragedia que ha enlutado a la ciudad y al país exige una honda reflexión moral de todos, ya que de diverso modo se han cometido graves errores u omisiones en la conducta esperada de adultos y jóvenes. Estas fallas de carácter ético resaltan apenas se analiza la sorprendente cifra de menores que resultaron víctimas inocentes en la desdichada víspera del fin del año.
Que hayan muerto menores de 18 años, que no debieron ser admitidos en el local bailable, es sólo una visión limitada de la cuestión. Cuando la información se va precisando crece la sorpresa ante una realidad que parece increíble. Murieron niños comprendidos en la franja de edad que va desde los 10 meses a los 14 años. Otro dato adicional revela que existía en la tétrica discoteca una suerte de guardería en la zona de sanitarios, servicio fuera de todo quicio en el lugar y en el cual las criaturas padecieron el injusto asedio del fuego y el humo que los asfixió.
Sin duda, quienes quieren y respetan la vida infantil como valor prioritario humano y social, difícilmente puedan comprender cómo pudo llegarse a ese extremo de irresponsabilidad. A la vez, es de suponer que la iniciativa de la "guardería" no debe ser excepcional y que, lamentablemente, es lo más probable que se reitere en otras discotecas semejantes.
El doctor Alberto Iñón, presidente de la Subcomisión de Prevención de Accidentes de la Sociedad Argentina de Pediatría, señaló días atrás los peligros que corren los chicos llevados a lugares congestionados de público y sometidos a la estimulación intensa de ruidos y sonidos que los abruman y no pueden elaborar. Como consecuencia, los más expuestos a ser afectados son los sistemas respiratorio, neurológico y auditivo. Así, también, psicológicamente se exponen a experiencias traumáticas.
Es oportuno recordar aquí los derechos del niño, como los planteó Margaret Ribble en un libro que mereció la lectura de muchos padres. Esos derechos están relacionados con necesidades básicas de oxígeno, de agua, de alimento y de contención afectiva. Es evidente el riesgo que corre una criatura de corta edad en un lugar en que la multitud se disputa el aire enrarecido y viciado por el humo de cigarrillo u otras sustancias; donde la atmósfera se caldea y no se controla adecuadamente ni el agua ni los alimentos que los chicos ingieren y, por fin, donde no tienen cerca a los padres que les dispensen la seguridad afectiva que les hace falta en medio del bullicio y tantos rostros extraños.
Muchas cosas han venido cambiando aceleradamente en los tiempos en que vivimos. Es probable que la percepción superficial de una tecnología que no cesa de crear "nuevas generaciones" de productos, conduzca a algunos a pensar que todo debe estar sometido a un proceso de innovaciones que posea un ritmo semejante. Así, los valores, creencias, deberes y sentimientos, que ligaban a los padres en la asistencia y el cuidado de sus hijos serían tan provisionales como el último modelo de la electrónica. Sin embargo, no es así. Como lo entienden muchos padres jóvenes, felizmente es posible encarar de manera diversa el ejercicio de sus roles o asumir de otro modo la crianza y educación de sus hijos, pero siempre a condición de que se los sepa respetar, no se abandone su cuidado y se acepte con amor la admirable responsabilidad de haber dado vida a un niño.




