Problemas en Puerto Madero
Es el barrio más nuevo y vistoso de la ciudad, pero lo deslucen diversas situaciones que requieren solución
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Hasta quienes le plantearon sus más duras objeciones al proyecto de puesta en valor del antiguo Puerto Madero, que hace más o menos dos décadas vegetaba en el más absoluto abandono, han tenido que admitir lo positivo de esa iniciativa. Con sus viejos depósitos reciclados, los muelles de sus diques convertidos en concurridos paseos y sus torres de moderno diseño, es un atractivo para el turismo y un cotizado lugar de residencia.
Pero, según denuncian quienes en él están afincados, han empezado a desmerecerlo circunstancias negativas que no por comunes al resto de la urbe deben ser desatendidas.
Los vecinos del barrio tienen más de un motivo para quejarse. Apuntan, por ejemplo, el abandono en que sobrevive la Reserva Ecológica, que, a pesar de haber sido declarada digna de protección especial -es un humedal de particular importancia para la zona-, está deprimida por la falta de cuidados y por la presencia, a su vera, de un cementerio de automotores abandonados. A ese espectáculo ingrato y contaminante del medio ambiente se suma la existencia del asentamiento de emergencia Rodrigo Bueno, que sigue creciendo entre la Reserva y los terrenos de la frustrada ciudad deportiva de Boca.
Como si no bastase con ese cuadro deprimente, la Costanera Sur también padece por la falta de cuidados. En el Dique 3 hay un predio tomado y usufructuado por sus ocupantes como sitio de diversión pública; los quioscos de venta de comidas al paso brotan cual si se tratase de hongos después de la lluvia, mas desaparecen prontamente no bien se presume la presencia de inspectores; hay construcciones inconclusas que afectan la fisonomía del barrio; los travestis rondan los parques y los visitantes de los fines de semana dejan regueros de residuos por todas partes.
Al margen de que Puerto Madero es considerado el barrio más seguro de Buenos Aires, la Policía Federal y la Prefectura Naval Argentina se miran de reojo llegado el momento de controlar las irregularidades existentes en un territorio en que se superponen las jurisdicciones nacional y local, otro de los tantos desacuerdos suscitados por el desconocimiento del gobierno nacional de las expresas facultades que la Constitución le otorga, de pleno derecho, a la ciudad.
El barrio de Puerto Madero es, sin dudas, una de las vidrieras más lucidas que la urbe está en condiciones de mostrar a sus visitantes. Es una razón más que importante para que, sin despreocuparse del resto de la ciudad, las autoridades locales le prestasen más y mejor atención.






