
Prótesis de una mano en 3D: una invención argentina
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Dos jóvenes argentinos, Rodrigo Pérez Weiss y Gino Tubazo, han logrado imprimir por primera vez la prótesis de una mano. Lo hicieron para Felipe Miranda, un chico de 11 años, que había nacido con la mano izquierda sin dedos a causa de un mal genético. La innovación producida ya tiene repercusión global. Ese logro de hoy posee una historia breve y prometedora de mayores desarrollos en un futuro cercano. Todo comenzó con Pérez Weiss, profesional de las artes gráficas que venía trabajando en la promoción de innovaciones en una amplia gama de objetos que podían imprimirse tridimensionalmente (3D).
Pérez Weiss se había consagrado en su trabajo a resolver demandas vinculadas al abastecimiento del área de su actividad. Se asoció luego con otros profesionales para formar una empresa destinada a producir innovaciones. Alcanzó así un sólido conocimiento de las perspectivas que abría la impresora 3D y, con su grupo empresarial, asumieron la representatividad de la citada impresora y su comercialización. Para ello se instalaron en un local del barrio de Palermo, lugar donde los clientes podían interesarse acerca de los posibles usos de esa máquina.
En esa etapa de la carrera de Pérez Weiss, la madre de Felipe Miranda planteó una pregunta que habría de obrar como disparadora de una invención factible con la nueva impresora. El interrogante se cifró en el tiempo que demandaría la creación de una prótesis para sustituir la mano. Rodrigo aceptó el problema con interés personal y en unión con Gino Tubazo, estudiante de ingeniería electrónica de 18 años, se pusieron a experimentar a fin de concretar una respuesta apta para el pedido. El prototipo inicial al que llegaron fue viable por la existencia de una licencia abierta que les permitió innovar, modificar y superar las dificultades que aparecían.
No es fácil imaginar la realización del proceso creativo hasta acceder a su meta, pues implica convertir gráficos de 3D en objetos físicos, lo que equivale a crear un objeto con volumen a partir de una superficie plana. En el caso comentado, la solución lograda ha beneficiado a Felipe, cuyo problema motivó exitosamente la labor de quienes se pusieron a resolverlo, merced a la oportuna llamada de la madre que lo supo trasmitir. Es menester señalar que esta nueva versión de una prótesis posee un diseño muy próximo a la realidad, fundado en el escaneo de la mano del propio Felipe. Asimismo, el recurso creado ejecuta movimientos, no carece de flexibilidad y puede mojarse. Algo más relevante en otro plano: el costo oscila alrededor de los 2000 pesos, lo que asombra cuando se considera que las prótesis conocidas hasta ahora tenían un precio cercano a los 40.000 dólares.
Este logro, que ha de generar seguramente otros de semejante importancia en un futuro cercano, es digno de un justo reconocimiento, que debe alcanzar a quienes lo hicieron posible con iniciativa, inteligencia y esfuerzo.






