
"Rateadas" por Facebook
Ante hechos como éstos, los adultos debemos preguntarnos cómo hacer de la escuela un lugar más convocante y atractivo
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Parece ingenuo que ahora, y aprovechando las nuevas tecnologías, los alumnos avisen por Facebook que se van a "ratear" de la escuela en un día y hora determinados. Tan ingenuo como justificar esa acción pidiendo a los que participen de ella que lleven algún elemento no perecedero para hacer un acto solidario de entrega a comedores populares.
Además de aggiornar lingüísticamente a la sociedad sobre el uso de distintos sinónimos para la "rateada" (según la provincia de origen, también puede decirse "yuteada", "cuqueada" o "chupina"), la noticia apareció en diarios y portales de todo el mundo, muy de acuerdo con el medio elegido para anunciarla, y mostró también que tanto padres como docentes y directivos educativos se encontraban bastante al margen de lo que estaban haciendo muchos de los estudiantes de la escuela secundaria en la Argentina.
Quizá no importe tanto contabilizar el poder de la convocatoria lograda en Mendoza, la primera provincia donde se produjo el fenómeno, que rápidamente fue seguido en otras ciudades del resto del país, porque es un hecho por demás conocido la capacidad del efecto contagio de estos posts . La prueba es que el 4 de febrero de 2008 hubo una gran movilización mundial en contra de las FARC colombianas en la cual participaron más de 13 millones de personas alrededor del mundo, y la convocatoria había sido hecha por medio de las redes sociales Facebook y MySpace. Claro que, en ese caso, el motivo no era una travesura de chicos, sino pedir la libertad de los rehenes de la organización terrorista.
Lo que llama la atención es la repercusión que esta actitud adolescente ha tenido hasta ahora en la comunidad argentina. Hay padres que, utilizando los mismos métodos que sus hijos, forman grupos de "contraataque" prometiendo que quien asista a la "rateada" se queda sin PC por un año, o bien felicitan a los autores de la idea porque significa "empezar a pensar y a hacer cosas que valgan la pena". También están, por supuesto, los medios de comunicación, que, como no siempre hacen un uso responsable de su función, antes que reflexionar sobre la noticia se lanzan a multiplicarla efectistamente.
Mientras los chicos se sumaban alegremente de a miles a las páginas que convocan a las "rateadas" en todo el país -habría una nacional, para el 28 de este mes-, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, tuvo que pronunciarse sobre la oportunidad de evaluar "la travesura" como hecho pedagógico: "Al tema hay que darle un tratamiento pedagógico y con las familias". Lo dijo anteayer en Tucumán, donde había ido a entregar 3500 netbooks del programa Conectar Igualdad.com.ar, lo que pasó bastante más inadvertido que las ya mencionadas "rateadas".
Estas "rateadas" en cadena han venido a desnudar en realidad las carencias pedagógicas y de contención que la escuela argentina tiene hoy para con sus alumnos y la crisis de autoridad que afecta a no pocos docentes y autoridades escolares.
A la lucha por alcanzar los 180 días de clase en todo el país, sin interrupciones de paros docentes, habrá que sumarle prontamente una discusión profunda sobre qué tipo de escuela necesita la Argentina de hoy. Autoridades escolares, maestros y padres deben preguntarse cómo hacer de la escuela un lugar más convocante y atractivo para los adolescentes, sin caer en el extremo del facilismo y la complacencia con el alumno alejado de la necesaria disciplina.
En suma, no se trata de dejarse ganar por la desesperación ni por ese deseo siempre presente en toda sociedad de estigmatizar a los más jóvenes, sino de sacar una enseñanza -valga la paradoja- positiva de este hecho. En su momento, Daniel Filmus, cuando era ministro de Educación, expresó su deseo de que la escuela fuera un núcleo generador de inclusión en la pequeña comunidad barrial tanto para alumnos como para docentes, directivos y todos aquellos que están en contacto con ella. Un deseo que muy bien podría verse cumplido si redes sociales como Facebook son utilizadas por toda la comunidad educativa para algo más noble que planear una "rateada" circunstancial.






