Reñidas elecciones en Uruguay

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26 de noviembre de 2019  

De acuerdo con los pronósticos preelectorales, aunque en forma mucho más ajustada de lo previsto, el candidato de la coalición opositora a la presidencia uruguaya, Luis Lacalle Pou, se habría impuesto en el ballottage al postulante del Frente Amplio, Daniel Martínez, por una ventaja de apenas 1,2% de los votos. La Corte Electoral del Uruguay deberá aún contar voto por voto para confirmar la exigua diferencia, y solo dentro de dos o tres días se conocerá el resultado final, ya que la cantidad de sufragios observados supera levemente en número la diferencia provisional entre las dos fuerzas políticas.

El balance más positivo de la segunda vuelta electoral residió en la ejemplar actitud de ambos candidatos, quienes pese a la incertidumbre sobre el resultado convocaron a la ciudadanía a esperar el veredicto oficial en calma y en paz.

Lacalle Pou, líder del Partido Nacional, encabezó ordenadamente una coalición de las diversas fuerzas del centro del espectro político, que incluyeron al tradicional Partido Colorado, a quienes siguen al general Guido Manini Ríos -promotor de una lucha más tenaz contra la delincuencia- y a otras terceras fuerzas. Esta alianza habría derrotado en principio a la coalición de los partidos de izquierda representados por el Frente Amplio y modificó el rumbo de la política oriental.

El nuevo gobierno tendrá por delante algunos retos tan graves como urgentes. Seguramente buscará satisfacer una preocupación de los votantes mejorando la seguridad; perfeccionar la educación, y volver a insertar activamente al país en el escenario internacional.

Deberá sumar la siempre difícil tarea de flexibilizar el mercado laboral en busca de la competitividad extraviada, recuperar el crecimiento y superar la recesión; atender a una deuda pública que está ya en el 67% del PBI, y bajar el peligroso déficit fiscal que heredará de la gestión de las fuerzas de la izquierda oriental, que hoy ronda el 5% del PBI. Hereda además una tasa de inflación anual del 8,1% y una de desempleo del orden de un preocupante 9%.

Todo esto es necesario para mantener el grado de inversión actual que le permite financiarse con tasas de interés algo más bajas que las del mercado. En una región dividida, en la que sus dos grandes vecinos tienen propuestas de desarrollo conceptualmente diferentes, Uruguay deberá adaptarse con flexibilidad y reactivar rápidamente su deprimido nivel de actividad económica. El cambio generacional y de visiones en lo político sin duda contribuirá a que nuevas y activas medidas superen el conformismo y venzan las inercias.

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