
Resignificando la vejez
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Al hablar del sector social y sus organizaciones, vale detenerse en aquellas fundaciones argentinas que donan recursos económicos privados destinados a contribuir con el bienestar de la población. Una de las más representativas, la Fundación Navarro Viola, cumplió 40 años en su contribución al desarrollo social, fomentando la educación, la medicina y la promoción social y el cuidado de personas mayores. La institución centra su accionar en las etapas de la niñez y la vejez que vive en condiciones de vulnerabilidad social. Trabaja principalmente en los cordones urbanos de la provincia de Buenos Aires, en la región del nordeste argentino y en la Capital Federal. Acompaña procesos sociales y variaciones culturales de la niñez y la vejez con estrategias que se renovaron a través de proyectos de intervención social, el reconocimiento a la tarea de profesionales y organizaciones, y acciones de producción de conocimiento y comunicación que dan visibilidad a la dimensión de estos cambios.
Mucho del trabajo por la niñez se aceleró y amplió en 1990, a raíz de la aprobación de la Convención de los Derechos del Niño por parte de la Organización de las Naciones Unidas y la Conferencia Mundial sobre Educación para todos en Jomtien (Tailandia). Ello llevó a todos los actores sociales argentinos a repensar prácticas, compartir saberes y trabajar en nuevos procesos con los cuales acompañar los cambios sociales y educativos que llevaron a más niños a las aulas y a una visibilidad de problemas que demandaban atención. Ya no alcanza con ir a la escuela, sino que se busca aprendizajes de calidad, acordes con un mundo en permanente transformación. La mortalidad infantil y materna aún persiste como problemática estructural. Los cambios en la composición familiar requieren atención sobre la figura de un adulto significativo frente a niños que, muchas veces, son vistos como pequeños adultos. Desde la educación, a través de acciones por la enseñanza en el plurigrado, la alfabetización, la didáctica del nivel inicial, la lectura, las prácticas culturales y comunitarias, las prácticas de crianza, la educación especial precoz, la estimulación temprana y la relación entre la familia y la escuela, entre otras.
Por su parte, las personas mayores de 60 años representan una población de intensas transformaciones sociales y culturales. En los orígenes de la Fundación, el PAMI había sido creado recientemente en 1971 y, en 1976, empezaba a haber agencias del PAMI en las provincias. Las primeras acciones de la institución se vinculaban casi exclusivamente al apoyo del cuidado y la protección social de las personas mayores. Esta línea permanece vigente, sabiendo que el 7% de las personas mayores de 60 años requieren del cuidado de otra para su desenvolvimiento cotidiano y para casos de internación domiciliaria por problemas de salud. Los distintos tipos de cuidado necesarios en estos casos y la figura del cuidador, sea este formal o informal (familiares, amigos, vecinos), sigue siendo materia de apoyo, a través de acciones que promuevan una mejor calidad de vida.
Los adultos mayores pertenecen a un segmento de la población que no es prioritario para las políticas públicas y que resulta segregado a menudo de sus propias comunidades. Los ancianos ya no son respetados ni apreciados por su autoridad, ni por su sabiduría y su presencia es percibida como una carga económica. Pero lo más grave no es sólo que no reciban lo suficiente, sino que no se valore su derecho a dar. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que la Fundación Navarro Viola es una de las instituciones que más se ha interesado genuinamente por resignificar la vejez del siglo XXI.




