Señalización confusa
Las nuevas normas y señales para regir el estacionamiento porteño parecen más destinadas a recaudar que a educar
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Hay nuevas normas y señales para regir el estacionamiento de automotores en todo el ámbito de la ciudad de Buenos Aires. Pero la señalización aún es confusa y, más de una vez, inexistente, aunque las autoridades ya imponen sanciones sobre las bases de la nueva reglamentación, que no ha sido debidamente difundida.
La educación vial preventiva y la señalización disuasoria son requerimientos elementales si se pretende poner orden en cualquier esquema de tránsito urbano. Tanto más, por supuesto, si se trata de una metrópoli multitudinaria, vasta y cuya población es generalmente desobediente cuando, precisamente, del tránsito se trata. Sin embargo, daría la impresión de que el sistema se moviliza más con intencionalidad recaudadora que con propósitos educativos.
Salta a la vista que la señalización de las autopistas, avenidas y calles porteñas no es clara ni uniforme, suele estar ausente, poco visible o dañada por depredación o antigüedad, y es escasa. Sin embargo, y no es reciente, los encargados de aplicar las sanciones a los supuestos infractores son implacables llegada la hora de sancionarlos, ya sea con multas o con la incautación del respectivo vehículo. Para colmo hay tramos que son objeto de reglamentaciones particulares que aún no han sido revisadas y le agregan mayor confusión a ese cúmulo de dificultades.
No se trata exclusivamente de los episodios de mal estacionamiento. Tampoco hay señales del todo claras cuando se trata de horarios restringidos, de excesos de velocidad, de giros en infracción, de recientes cambios de mano en calles y en avenidas otrora unidireccionales. Además, el personal de la Guardia de Tránsito da la impresión de estar más al acecho de infractores, conducta para nada novedosa, que dispuesto a discriminar entre infractores contumaces y quienes se equivocan por ignorancia o por una mala señalización.
Un negativo procedimiento estima que los portadores de licencias de conductor, ya sean de la jurisdicción local o de otras jurisdicciones, deben conocer al pie de la letra las reglamentaciones viales. No siempre ocurre lo propio, aunque en muchos casos no se trata de indiferencia de los responsables, sino de una recurrente falta de información.
En suma, es positivo y debe ser alentada cuanta iniciativa sea puesta en práctica para incrementar nuestra deficiente (salvo raras excepciones) educación vial y nuestra acérrima tendencia a desobedecer las reglamentaciones en vigor. Pero siempre y cuando se trate de una sana intención de educar primero y sancionar después, porque es razonable que hasta el individuo más respetuoso se sienta maltratado si llega a sospechar que, en lugar de ser corregido (reeducado) en forma civilizada, está siendo víctima de una expoliación.





