Ser joven hoy
Debe ser motivo de festejo que cada vez sean más las organizaciones de bien público no sólo integradas por jóvenes, sino también lideradas por ellos
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Vivir es sufrir, acertar, aprender, caer y levantarse. Y todas las edades de la vida presentan nuevos desafíos que las personas tenemos que enfrentar con lo que somos, con las herramientas que tenemos a mano e ir moldeando nuestra personalidad y escala de valores en función de lo que vamos eligiendo y haciendo. En este proceso de crecimiento humano, la juventud ocupa un lugar privilegiado porque es el momento en el que los individuos empiezan a tomar sus propias decisiones, a tener control sobre el timón de sus vidas y a sentir que son capaces de hacer, de dar, de cambiar todas las cosas que la sociedad todavía tiene "chuecas".
Por eso, hay que reconocer que desde hace años este grupo etario viene trabajando de sobra para desterrar ese viejo preconcepto que afirmaba que "la juventud está perdida" para demostrar que los jóvenes están encontrando su lugar en el mundo y tienen mucho para dar e incluso para enseñar.
Son cada vez más los jóvenes que ya no se sienten cómodos con las desigualdades sociales, con la buena suerte que les pudo haber tocado en el reparto de posibilidades y que sienten que deben hacer algo para achicar la brecha de la inequidad social. En muchos casos, hasta sienten que de esta forma están colaborando en aplicar un concepto de justicia redistributiva. También esa capacidad de ser más libres, rebeldes, cuestionadores y comprometidos que los adultos les da la posibilidad de elegir todos los días cómo encarar la batalla de la vida.
De esa realidad dan testimonio, en el último suplemento Comunidad, numerosos jóvenes en el que explican por qué sintieron la necesidad –y también la obligación– de involucrarse en causas sociales para así aportar desde su lugar a construir una sociedad mejor para todos. Una de las problemáticas que más participación han concitado entre ellos son, por supuesto, las ambientales, desde la resistencia a las explotaciones megamineras hasta la falta de acceso al agua potable. También, la prédica del papa Francisco ha resonado en los jóvenes corazones de manera muy especial y ellos han sabido canalizar su energía en ayudar a los más pobres.
Son muchas las características que hacen que la juventud sea una etapa ideal para involucrarse en la realidad social. Porque los jóvenes buscan caminos más pacíficos para solucionar los problemas, aportan energía, creatividad, no están atados al pasado, tienen menos problemas con los errores y se animan más. También aceptan las diferencias como algo más natural y están más orientados al futuro, a lo que vendrá, a ideales, a utopías.
En este sentido, es motivo de festejo que cada vez sean más las organizaciones no sólo integradas por jóvenes, sino también lideradas por ellos. Como ejemplo, podemos mencionar algunas como Techo, la Asociación Cristiana de Jóvenes, Ecoclubes, Enseñá por Argentina, Fundación SI, Agua y Juventud, Quiero Ayudar y 1minutodevos, entre otras.
Es evidente que el futuro que deseamos será el fruto de la actividad de los jóvenes. Confiar en ellos, aprender de sus acciones, trabajar codo a codo con ellos, motivarlos para la labor productiva, fomentar con el ejemplo una ética de la solidaridad y del cuidado ambiental son valiosas contribuciones que como ciudadanos tenemos que asumir si queremos construir, entre todos, una sociedad más justa y equilibrada.






