
Siemens, casi una política de Estado
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Eufemísticamente, podríamos decir que no es cierto que en la Argentina no exista una política de Estado que se mantenga en el tiempo mientras se suceden los distintos gobiernos. Así lo demuestra la información de la prensa alemana acerca de la investigación judicial que se lleva a cabo en Munich por el presunto pago de coimas de la empresa Siemens a funcionarios de diferentes gobiernos para que a la firma le adjudicaran importantes emprendimientos. Entre los gobiernos involucrados, habría tres de la Argentina: los de Carlos Menem, Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner.
Como puede advertirse según la información que llega de Munich -y no, desgraciadamente, de la justicia federal argentina, donde hace varios años languidece una investigación similar-, la única gestión que no estaría involucrada sería la de la Alianza. Precisamente, fue el gobierno de Fernando de la Rúa el que rescindió, en mayo de 2001 y mediante un decreto presidencial, el contrato oficial con Siemens para la confección de los DNI que había firmado el gobierno de Menem en 1998 por 1260 millones de dólares. La razón era la existencia de grandes sobreprecios. Luego se abrió un sumario judicial a cargo del cuestionado juez federal Rodolfo Canicoba Corral, en el que estaban bajo sospecha Menem y otros altos funcionarios, como Carlos Corach, su ministro del Interior.
Sin embargo, el juez archivó el expediente, que se reabrió en 2004 y quedó a cargo del juez federal Ariel Lijo, siempre con la misma falta de resultados que su predecesor.
En 2006, la justicia de Munich comenzó a investigar hechos de corrupción fomentados por Siemens en diversas partes del mundo. Hace poco se supo que ex ejecutivos de la firma declararon que se habrían pagado 70 millones de dólares a funcionarios menemistas y 27 a los de Duhalde. Menem lo ha negado. Y una semana atrás, la prensa alemana informó que uno de los ex directivos de Siemens más comprometidos, Uriel Sharef, ex director general para América latina, se encuentra acusado de haber pagado 4,7 millones de euros en coimas en la Argentina a fines de 2003, es decir, durante la gestión de Néstor Kirchner.
En aquel entonces, Siemens participaba en la electrificación de subterráneos, informatización de sistemas, provisión de teléfonos y mantenimiento de centrales hidroeléctricas.
Sharef estuvo en la Argentina el 5 de agosto de 2004 y se entrevistó con el ministro de Planificación, Julio De Vido, cuyo ministerio es uno de los más sospechosos en materia de corrupción. En octubre de 2006, Sharef regresó, esta vez a Campana, para inaugurar una turbina de una central eléctrica, y en 2007 retribuyó las gentilezas de los funcionarios argentinos al recibir en Alemania a De Vido, en enero de ese año, y, en septiembre, a la entonces candidata presidencial Cristina Kirchner, en Berlín.
Ni De Vido ni Néstor Kirchner ni funcionarios de la actual administración se han referido al tema, ni siquiera para negarlo. Mientras tanto, el abogado Ricardo Monner Sans pidió una investigación independiente de la que duerme en el juzgado de Lijo, pero en el sorteo su denuncia recayó en ese juez. Posteriormente, la diputada Patricia Bullrich, de la Coalición Cívica, radicó una denuncia similar.
Es necesario tener presente que, como suele ocurrir cuando se pagan coimas a funcionarios para que concedan obras públicas a ciertas firmas, el dinero de esos sobornos no lo aporta la empresa, sino que se carga al precio final de la obra. En definitiva, quien lo paga es la sociedad argentina, como quedó demostrado en el negociado informático entre IBM y el Banco Nación.
En el caso que nos ocupa, indigna tomar conocimiento, además de la magnitud de las coimas pagadas, de la continuidad en el tiempo de este hecho de corrupción. Pero quizás sea mayor la indignación al advertir la pasividad rayana en la indiferencia de nuestra justicia federal a lo largo de los años. Ahora que su similar alemana parece contar con datos concluyentes, resulta indispensable que por vía del exhorto se le solicite ese material y se actúe con la celeridad que la sociedad reclama.






