
Tandil: canteras y expropiación
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La evidencia del daño ambiental creado por la actividad minera en las Sierras de Tandil y una opinión pública crecientemente consustanciada con la defensa del patrimonio natural local parecen haber puesto el tema en la agenda de las autoridades de la provincia de Buenos Aires, las cuales anunciaron que se avanzará en la expropiación de tres canteras de piedra ubicadas en áreas suburbanas y turísticas de la ciudad de Tandil.
Las sierras del sistema de Tandilia esconden en su belleza una riquísima historia geológica. Son pequeños retazos del enorme escudo precámbrico, que formaba Gondwana, el gran continente que unía Africa y América. En los mismos cerros que rodean a la ciudad de Tandil afloran rocas precámbricas, las más antiguas de nuestro país, que datan de 2200 millones de años atrás.
Como ya lo hemos destacado en estas mismas columnas, la explotación de piedra inhibe un desarrollo urbano armónico y produce un irreparable deterioro en el paisaje que amenaza este patrimonio natural de extraordinario valor, por lo cual es urgente promover actividades económicas, que permitan el uso sostenible y la protección de estos tesoros naturales.
El gobernador Scioli, quien conoce la dimensión del daño a las Sierras debido a sus frecuentes vuelos a Tandil y a través de interlocutores cercanos, ha anunciado la expropiación de tres canteras, al superar la propuesta del jefe comunal que proponía trasladarlas a otro cerro. Se toman sólo tres de las ocho canteras de piedra en actividad, con el argumento de la cercanía al centro de la ciudad.
La ministra Débora Giorgi manifestó que la expropiación no es el único camino posible para las canteras, ya que podrán optar por "reconvertirse" en polos turísticos, pero que llevarlas a otro lugar sería trasladar el problema. Si bien es cierto que la producción de la piedra existe desde hace muchos años, las formas actuales de explotación, que provocan mayores impactos negativos sobre la ciudad, y el surgimiento de un importante movimiento de visitantes ha puesto en evidencia la necesidad de una visión más creativa, que aproveche el potencial económico de estos recursos sin deteriorar sus valores.
Hoy la comunidad requiere vivir en una relación más armónica con su entorno; se hacen voladuras en las canteras en abierta desobediencia a un decreto municipal que las prohíbe, destruyendo un paisaje que abriga actividades turísticas y recreativas de creciente importancia.
Cabe resaltar, sin embargo, una enseñanza básica en materia ambiental: sin un cese efectivo e inmediato de la actividad, el mero anuncio de que tres canteras serán expropiadas podría provocar el aumento de las explosiones para acumular mayor material de las sierras para su posterior molienda, al acelerar de modo notable el ritmo de la depredación. Sin ese cese inmediato, este anuncio podría empeorar la situación de las sierras de Tandil y podrían ser aún más profundos los daños irreversibles.
En los últimos años, ha crecido un fuerte consenso social que reclama el cese de las actividades destructivas y la creación de alternativas, que permitan preservar las Sierras y generar más y mejor trabajo mediante actividades no destructivas. Varias organizaciones, vecinos y, notablemente, jóvenes estudiantes han venido trabajando por una concientización acerca del problema desde hace años. Incluso, solicitaron precisiones respectivamente a la ministra Giorgi y al Renar sobre los motivos por los cuales se les ha mantenido a determinadas empresas el certificado de productor minero que se requiere para usar explosivos sin haber presentado los informes bianuales de impacto ambiental.
El reclamo de un ordenamiento territorial inteligente, que garantice un uso del suelo adecuado y la protección del paisaje, a través de la creación de alguna categoría de área protegida, cuenta con un amplio respaldo de la comunidad. El anuncio del gobernador Scioli crea expectativas en la comunidad tandilense, sin aventar dudas razonables. La memoria colectiva local recuerda otros anuncios que no se implementaron: los agujeros en las Sierras son la prueba evidente de una errónea política, que ha manifestado conservar un lugar, pero que no ha tomado las medidas adecuadas para hacerlo.
Existen expectativas positivas, porque se empieza a reconocer que hay un problema que debe ser solucionado. Las sierras más antiguas de la Argentina han esperado demasiado para que se las proteja y merecen una solución de fondo, integral, que impida, efectivamente, la continuidad del daño y que promueva una necesaria planificación para que sus atractivos sigan siendo tales y generen un desarrollo sustentable para la comunidad.



