Teletrabajo: legislar para el futuro y no para el pasado

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28 de julio de 2020  • 00:05

Urge hallar respuestas novedosas y consensos para alentar nuevas modalidades laborales, sin elevar los costos ni incentivar la informalidad

La pandemia ha acelerado un proceso que tímidamente se insinuaba y que evidenció muchas bondades. Diversas encuestas han referido que más del 50% de los empleados -hasta un 70% para algunas- preferirían seguir trabajando desde sus casas y no volver de forma permanente a la oficina. La Fundación Observatorio Pyme presentó un informe que reporta que el 57% de las empresas podrían involucrarse en la implementación del trabajo remoto pospandemia; con 220.000 puestos de trabajo de 60.000 empresas que estarían en condiciones de articular esta modalidad para todo su personal y más de 800.000 trabajadores formales que podrían hacerlo de modo parcial.

Como consecuencia, el debate acerca del proyecto de ley sobre teletrabajo que se desarrolla en estos días en el Congreso no puede pasar por alto que transitamos momentos extraordinarios y que la normalidad pospandemia impondrá características distintas. Habrá que considerar también los criterios que distinguen teletrabajo de trabajo a distancia. Aprobado ya por unanimidad en Diputados, los senadores del oficialista Frente de Todos decidieron también respaldarlo, desoyendo hasta ahora los razonables pedidos de revisión del proyecto por parte de la oposición y del empresariado, incluso luego de haberles concedido una reunión en la que participaron la Unión Industrial Argentina (UIA), el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina (IDEA), Argencon, la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), el Grupo de Entidades Empresarias de Córdoba y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), entre otras entidades. El absurdo argumento esgrimido para no negociar ni una coma fue que "la pandemia aceleró" la necesidad de una regulación específica por fuera de los convenios colectivos o los acuerdos individuales de trabajo supuestamente para evitar "el avasallamiento de los trabajadores".

Muchas son las aristas que presenta el proyecto en cuestión. Entre ellas, el respeto por las jornadas y los salarios acordados, la provisión de computadoras en los domicilios de los empleados con servicio de conectividad, la consideración de horarios destinados a cuidados familiares, el derecho a la desconexión, los accidentes de trabajo y el eventual retorno a una oficina si un empleado no puede seguir trabajando en su casa. Precisamente sobre esto último es que se plantea una de las principales controversias, el llamado "principio de reversibilidad", que no debería razonablemente obligar al empleador sin darle plazo para adecuar la organización de su empresa a un regreso presencial. Muchos abogan por una bilateralidad de esta decisión que contemple la negociación entre las partes. Tampoco presenta ventajas la obligación de registrar la plataforma virtual por la que se opte en cada entorno, lo que solo suma obstáculos, además de impedir que haya más de una. Lo propio ocurre con la pretensión de fijar la conformación y extensión de la jornada laboral, pues acota la posibilidad de prestar servicios a países regidos por otros husos horarios, y eso también va en desmedro del trabajador, porque nos vuelve menos competitivos que otros países a la hora de captar inversiones y generar empleo. No es deseable promover condiciones que hagan inviable la contratación de un teletrabajador.

Los senadores del oficialista Frente de Todos desoyeron hasta ahora los razonables pedidos de revisión del proyecto por parte de la oposición y del empresariado

Aunque todos los sectores coincidieron en muchos puntos, la iniciativa había disparado inicialmente diferencias internas dentro del oficialismo, que terminó abroquelándose en otro ejemplo de incapacidad para arribar a consensos. Por su parte, Gladys González y Esteban Bullrich, del Pro, destacaron que "el teletrabajo elimina fronteras, tenemos la posibilidad de generar una distribución geográfica muy profunda y estas regulaciones lo obstaculizan", al tiempo que presagiaron que "las empresas se van a ir a los países vecinos". El ministro de Trabajo, Claudio Moroni, y el titular de la CGT,Héctor Daer, apuraron la sanción en su intento de evitar la revisión de Diputados, enfatizando los riesgos de una precarización laboral de los teletrabajadores, y alentaron a evitar un "dumping social con empleados sin derechos laborales en esta globalización cavernícola".

Está claro que la ley debería haber surgido de un sano debate entre todos los involucrados -acotado en el tiempo para no demorar una implementación que recién regiría 90 días después de finalizado el aislamiento social preventivo y obligatorio-, con el fin de promover y no limitar el teletrabajo con trabas innecesarias, simplemente para establecer un marco dentro del cual empleado y empleador encuentren el mejor cauce.

La modalidad del trabajo a distancia ofrece un valioso potencial para el desarrollo económico y social de la Argentina. Por la capacidad de nuestra gente a la hora de generar más recursos y por los costos relativos, que también son beneficiosos. Ya hemos retrocedido con las sociedades anónimas simplificadas, que nos vuelven al papel y a la burocracia. Ya también demoramos la implementación de la ley del conocimiento, postergada fuente de empleo y divisas.

Para salir de la postración se necesita mucho más que cerrar favorablemente la renegociación de la deuda. Se necesita aceptar que la ley de gravedad, al igual que muchas otras, se cumple inexorablemente y que cualquier marco normativo debe servir para generar confianza, también ante los acreedores, y no para invitar a buscar atajos que permitan eludir leyes sumergiéndonos en más informalidad.

Quienes nos representan deben entender que con sus altisonantes discursos populistas encorsetan el libre mercado y que los trabajadores que el país necesita -no aquellos que prefieren vivir del asistencialismo prebendario- deben surgir de fuentes genuinas de empleo con un marco normativo que las propicie. Todo lo que favorezca estas sinergias debe ser impulsado. Urge encontrar respuestas novedosas para escenarios hasta hoy impensados y capitalizarlos en favor del crecimiento que tanto necesitamos. Una vez más, el futuro está en los consensos.

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