Tenebrosas sospechas sobre la reencarnación
Carlos M. Reymundo Roberts LA NACION
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Acabo de leer Maldito karma , una novela alemana sobre la reencarnación que me ha dejado reflexivo e inquieto. La protagonista, una exitosa presentadora de televisión, muere joven y se reencarna una y otra vez hasta llegar donde quería llegar, aunque, por supuesto, con otra identidad y otro cuerpo.
Desde que terminé el libro empecé a plantearme si esto de la reencarnación no sería cierto; si no es posible que alguien pueda volver a este mundo para completar lo que en la primera vida no pudo, no quiso o no supo hacer. Y, finalmente, la duda más dramática: si algunas o muchas de las personas que hoy nos rodean no son en realidad nuevas versiones de gente que ya fue.
Inquietante. Ya no pude parar la dinámica en la que me había metido, y sospeché de todos. Guillermo Moreno? ¿es realmente Guillermo Moreno o resulta que es la segunda vida de algún oscuro funcionario fascista de los tiempos del Duce?
Julio Cleto Cobos, ¿no será un emperador romano, ahora sin imperio y sin Roma?
Aníbal Fernández. De Aníbal, tan polifacético él, se me ocurrieron entre 38 y 40 reencarnaciones, y todas me resultan verosímiles. Un payador cordobés, un humorista, un cacique de la tribu de los quilmes, un todoservicio del viejo Kremlin...
En esa línea de pensamiento, o de sospecha, me seguí preguntando: ¿y si Hugo Chávez es Bolívar? Bueno, un Bolívar sin caballo pero con petróleo, renacido en Macondo, con un máster en La Habana y enfermo de subdesarrollo.
¿Y si Julio Grondona fuera Julio Grondona en todas sus vidas, y entonces resulta que está asegurado su dominio en la AFA por otros 327 años?
A Pepe Mujica, presidente de Uruguay, le contaron que en un estadio anterior fue tupamaro. El no se lo cree.
Al canciller Héctor Timerman le preguntaron cómo le gustaría llamarse en su próxima reencarnación, y contestó: "Cualquier cosa menos Alfredo".
La misma pregunta le hicieron a Amado Boudou. "No me importa el nombre. Me encantaría cumplir el sueño de ser ministro de Economía", dijo.
De Francisco de Narváez se comenta que en su primera vida fue colombiano. El se enoja y lo niega.
De Mauricio Macri, que fue espía. Lo considera una broma de mal gusto.
De Daniel Scioli, que fue aplaudidor en actos oficiales, costumbre que conserva en esta nueva etapa, mejorada.
Del juez Oyarbide se comentan muchísimas cosas, pero hay que tener coraje (o muchas vidas) para animarse a repetirlas.
Del cardenal Bergoglio se asegura que una reencarnación atrás renunció a ser elegido Papa, y que ahora que le ha tocado lidiar con estos tiempos de la Argentina cree que en el Vaticano la hubiese tenido más fácil.
De Ricardo Jaime, ex secretario de Transporte, distintas versiones hablan de que fue piloto de avión.
Del que fue su jefe, Julio De Vido, hay una certeza: tiene más vidas que los gatos.
Otra certeza: Susana Giménez no es una reencarnación. Es la misma.
Y otra: en la reencarnación de Graciela Alfano trabajaron por lo menos 63 cirujanos.
Eduardo Duhalde, como está a la vista, no se siente cómodo con el papel que le ha tocado en este nuevo turno, y quisiera volver atrás. Imposible. Los repartidores de vidas tienen miedo de que le vuelva a ofrecer la presidencia a Kirchner.
Ricardo Alfonsín hace lo imposible para que creamos que es la reencarnación de su padre.
Franco Macri ya no sabe qué hacer para convencernos de que él es él y Mauricio es Mauricio.
Felipe Solá no nos engaña: en su vida anterior se llamaba Sólo Felipe.
Daniel Filmus y Miguel Bonasso probablemente han sido mineros.
Lilita Carrió fue Amaterasu, la bellísima diosa del sol de la mitología japonesa. Cierra por todos lados: por la belleza, por el sol y por el mito.
En su primera vida, Carlos Reutemann ha de haber sido un veloz piloto de Fórmula 1, que hoy, para confundirnos, le imprime una extraordinaria parsimonia a todos sus movimientos.
¿Qué fue Luis D´Elía? Piquetero, muchos siglos atrás.
¿Ricky Fort? Un caramelo. Acido.
¿Ricardo Echegaray, el jefe de la AFIP? Un millonario ganadero inglés: Richard Feed Lot.
¿Y Carlos Menem? Menemista. Dice que no lo recuerda.
¿Qué fue Borocotó? "Depende", responde.
¿Diana Conti? Comunista.
¿Y Maradona? Menemista, delarruista, duhaldista, kirchnerista...
El de Maradona es un caso singular. Un día, en una reencarnación, se dio cuenta de que era el DT del seleccionado argentino de fútbol. Pensó que era una broma o un error, pero al enterarse de que ganaba 100.000 dólares por mes decidió no protestar.
Más lineal es la historia de los secretarios privados de la Presidenta. En sus vidas anteriores eran pobres: ahora están tratando de compensarlos.
¿Y Néstor? Las sospechas, en su caso, son públicas y notorias: antes que ahora fue Nestorius I, rey de Santa Cruz y de todo lo que pasara cerca.
¿Y Cristina? Evita no fue, seguro. Cristina I de Calafate, tampoco. ¿Una predicadora? ¿Una docente? ¿Una filósofa? Es difícil saberlo. Cuanto uno más la mira y escucha, más despistado queda.
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