Un grado de perversidad sin límites
En busca de mantener el poder a cualquier precio y garantizarse impunidad, el kirchnerismo ha hecho un culto de la mentira, la manipulación y el vale todo
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En los últimos años, Marcelo Longobardi, Débora Plager, Guadalupe Vázquez, Marcos Stupenengo, Juan Miceli y Antonio Laje, entre muchos otros, fueron despedidos de sus trabajos en Radio 10, Canal 7 y C5N. Todos ellos, en mayor o menor medida, incomodaron al poder de turno y no estuvieron dispuestos a obedecer las órdenes que les prohibían investigar la corrupción kirchnerista, opinar sobre algunos de los principales referentes de ese sector político o alertar sobre los desmanejos económicos de las administraciones presidenciales de Cristina Kirchner.
Las formas de manipulación utilizadas por el actual oficialismo han sido de distinto calibre, pero de igual naturaleza. Conforme la vieja sentencia “miente, miente, que algo quedará”, han intentado, con éxito desigual, acallar voces independientes, deshonrar a quienes consideran enemigos e inventar noticias para desprestigiar a sus adversarios, ya sea que fueran empresarios, jueces, fiscales, periodistas o dirigentes políticos. Durante los más de 12 años que gobernó el país el matrimonio santacruceño y, desde su regreso a la Casa Rosada, en diciembre de 2019, el kirchnerismo no ha trepidado en echar mano de cualquier medio para perseverar en su afán hegemónico.
Días atrás, el periodista de Clarín Daniel Santoro publicó una nota que revela cómo funcionó una de esas usinas de desinformación. A mediados de 2016, el entonces y actual vocero de la vicepresidenta intentó armar una campaña contra el fallecido fiscal Alberto Nisman, buscando inicialmente instalar la hipótesis de su suicidio. Se trata de Hernán Reibel Maier, quien presuntamente remitió más de 50 mails “reservados” a empresarios de medios y periodistas afines al oficialismo entre 2012 y 2016. Órdenes, más que indicaciones; teléfonos de contacto para entrevistados –impuestos, no sugeridos–; cables de noticias, y resúmenes a favor del kirchnerismo eran moneda corriente en sus envíos a distintos canales, radios, diarios, portales y periodistas de líneas editoriales afines como Página 12, Télam, C5N, TV Pública y Ámbito Financiero.
La metodología contemplaba, por caso, la propuesta de entrevistar al entonces director ejecutivo de la DAIA, Jorge Elbaum –crítico de Nisman y de sus investigaciones que implicaban judicialmente a Cristina Kirchner y a Héctor Timerman en relación con el memorándum con Irán– para que luego sus declaraciones fueran reproducidas en la redes sociales y medios kirchneristas. El pedido apuntaba a relacionar al fiscal con fondos buitre y difundir fotos privadas de Nisman en un claro afán por desprestigiarlo post mortem. Con un enorme cinismo, Cristina Kirchner aprovechaba la oportunidad para elogiar esas notas y sumar sus siempre coloridos comentarios dirigidos a ganar presencia y difusión en sus cruzadas contra lo que denomina el partido judicial y mediático que, según cree, la persigue injustamente.
Habida cuenta de lo simple del perverso mecanismo para quienes hacen de la prepotencia y la extorsión sus mejores aliados, la mediática munición gruesa se utilizó en muchos otros casos. El hoy fallecido juez federal Claudio Bonadio, Elisa Carrió y Vicente Massot, por entonces director del diario La Nueva Provincia, de Bahía Blanca, fueron blancos frecuentes.
De la misma manera con que lanzaban agravios contra opositores, sin nombrarlos, cerraban filas en defensa de conocidos corruptos como Amado Boudou. En respuesta a las órdenes del epistolario digital, desde esos medios aliados también se convocaba abiertamente a los cacerolazos por los aumentos de tarifas ordenados por Mauricio Macri en 2016 y les daban profusa cobertura: “Trabajemos esto en varios programas”, ordenaban los correos.
Si bien en un principio los mensajes remitían a la casilla personal de Reibel, luego este comenzó a ocultar su identidad detrás de papelpicado2012@gmail.com. Toda esta información que Santoro sacó a la luz fue confirmada gracias al hartazgo de un periodista que participó de esa red y que fue víctima de reiteradas bajadas de línea. Amparado en la reserva de su identidad, refirió que las instrucciones le llegaban casi a diario. Un simple chequeo de envíos y su correlato en la posterior difusión en los medios kirchneristas permite confirmar sus afirmaciones.
Camporista, amigo íntimo de Máximo Kirchner y exsubsecretario de Comunicación Pública en 2014 –año durante el que manejó con manifiesta discrecionalidad la millonaria caja de la pauta oficial–, Reibel es actualmente director general de Comunicación Institucional del Senado, que preside Cristina Kirchner. Comparte con su jefa un rol destacado en la causa cuadernos luego de haber sido mencionado por el secretario del exjefe de Gabinete Juan Manuel Abal Medina como uno de los destinatarios de los dineros espurios recolectados por Roberto Baratta.
La perversidad y vileza del método vertebrado no es de extrañar tratándose del kirchnerismo, cuya falta de escrúpulos morales, unida a su particular desprecio por las instituciones de la república, son harto conocidos. No hay ninguna duda de que a sus voceros, acólitos, funcionarios y jefes –con pocas excepciones– nada les importa más que aferrarse al poder. Con el objeto excluyente de retenerlo para garantizar su impunidad, han reiteradamente demostrado ser capaces de pasar por encima de las leyes, pisotear la división de poderes, agraviar a las personas de bien y manipular a su antojo los hechos. En esa empresa, no respetan ningún límite. Por eso, representan un peligro no solo para la sociedad, sino, por sobre todo, para la libertad y la república.






