Violencia escolar, en alza
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Hace tiempo ya que la creciente violencia en las aulas es motivo de preocupación. Días pasados, un estudiante de 17 años agredió a su profesor de música en el Colegio San José de Tandil, en el sur bonaerense. Gastón Valdez, docente y músico de 37 años, terminó hospitalizado por múltiples fracturas en el rostro, con severas lesiones orbitales y maxilares que obligaron luego a operarlo. La demanda penal contra el agresor está en curso.
Los momentos previos quedaron registrados en un video en el que se ve como un alumno revolea una silla a un compañero en medio de una pelea en el aula. Valdez intentó ordenar y reacomodar los pupitres sin notar que tiraba al piso involuntariamente el celular del agresor quien le pegó una trompada, circunstancia agravada por tratarse de un practicante de boxeo.
La escuela difundió un comunicado: “La educación se construye con respeto. Repudiamos el acto de violencia ejercido por un alumno hacia un docente. ¡Gastón, estamos con vos!”. Una multitudinaria marcha, impulsada por docentes, estudiantes y sindicatos ganó las calles y, paralelamente, un grupo de padres piió la expulsión del agresor.
Lamentablemente no se trata de hechos aislados ni que hayan aparecido de un día para el otro. Los educadores enfrentan cotidianamente innumerables situaciones de vulnerabilidad en las aulas, expresión también de una crisis de autoridad y legitimidad multicausal en la que el peso de los ejemplos que damos los adultos se agiganta.
Alejandro Castro Santander, director del Observatorio de la Convivencia Escolar de Argentinos por la Educación, señala que encerrarse en la lógica de las culpas es tan paralizante como improductivo y que trabajar desde la responsabilidad asegura mayor compromiso a la hora de asumir qué debe hacer cada uno. La evidencia internacional, reflexiona, muestra que el debilitamiento del vínculo familia-escuela, una dupla complementaria y no intercambiable, impacta en los aprendizajes, la convivencia, el sentido de pertenencia y el bienestar afectivo. El mejor camino no va por el lado de reforzar la respuesta punitiva, sino de robustecer las condiciones para que educar, cuidar y acompañar sea posible, apelando a una inmediata intervención institucional en todos los casos que involucren agresiones a docentes, con aplicación efectiva de medidas de resguardo y la creación de espacios de contención para las comunidades educativas afectadas.
Esta claro que la complejidad del fenómeno confirma por sí misma que no estamos ante un único responsable y que tenemos más preguntas que respuestas. También en este tema enfrentamos el desafío de trabajar para que la interdependencia Estado, escuela, familia alcance mejores resultados .


