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WASHINGTON.- Era una comunidad que durante años vivió prácticamente en las sombras, aunque orgullosa de habitar la tierra de sus ancestros. Su pueblo se esforzaba, criaba a sus familias y rendía culto a su religión en un territorio que la comunidad internacional reconocía como perteneciente a un gobierno y un país al que no le debían ninguna lealtad. Cada tanto se trenzaban en alguna batalla con ese país, pero de pronto se desató el infierno: la espiral del conflicto llevó a un bloqueo, luego a la hambruna, y finalmente a la evacuación total de la población de sus hogares. Fue una limpieza étnica, y el mundo no hizo nada para frenarla.


