"Bush y Gore son clones de Clinton"

Afirma que las diferencias son mínimas entre uno y otro, y añora las épocas de las grandes disputas
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31 de agosto de 2000  

NUEVA YORK (Corriere della Sera).- A fines de la década del 50, cuando era cronista, Norman Mailer fue el primero en apoyar al candidato demócrata John F. Kennedy, guiando la cruzada de la prensa para que fuera elegido. Pero si la pasión desenfrenada por la política lo ha llevado a la cárcel durante las manifestaciones anti-Vietnam y fue dos veces candidato a la alcaldía de Nueva York (la primera, en la década del 60, se vería frustrada cuando acuchilló a su segunda esposa durante una fiesta), hoy esa pasión se ha apagado ante los dos candidatos, George W. Bush y Al Gore, que Mailer no vacila en definir como "clones de Clinton, gente sin principios que no estaría dispuesta a morir por un ideal".

"La contienda electoral del 2000 es aburrida, además, porque las diferencias entre Bush y Gore y entre Lieberman y Cheney son mínimas", explica el autor (de 77 años) de "Los desnudos y los muertos" que, aparte de ser considerado uno de los gigantes de la literatura universal, ha tenido una segunda carrera afortunada en Hollywood como actor y director. Y llevando al mismo tiempo una vida turbulenta (seis esposas y ocho hijos) y controvertida (se ha peleado con la mitad de los Estados Unidos por los exabruptos políticamente incorrectos contra gay, feministas y anticonceptivos).

"Los candidatos fingen ser diferentes -dice Mailer-, eso es parte de las reglas del juego. Pero no hay tal diferencia. Añoro la era de Roosevelt y Kennedy cuando los partidos eran todavía dos."

-¿Quiere decir con ello que la plataforma del Partido Republicano es idéntica a la de los demócratas?

-Gore y Bush son ambos managers de la era de la corporation. El pequeño sucio secreto detrás de la política norteamericana de nuestros días es que las multinacionales controlan a los Estados Unidos, es decir al mundo, y ello explica la animosidad contra el capitalismo global. El resultado es que la presidencia estadounidense nunca ha sido tan débil, inútil e insignificante.

-¿No es culpa del sexgate, entonces?

-Todos saben que la mayoría de los políticos, hombres y mujeres, son más promiscuos que el ciudadano medio. Es natural porque tienen que mostrarse sociables, encontrarse con un montón de gente y estrechar manos en virtual contacto físico. ¡Qué hipocresía indigna acusar a Bill Clinton de haber abusado de su alta investidura para destruir la integridad de la Casa Blanca! El verdadero culpable es el "big money", el sistema de financiamiento de la campaña electoral.

-¿Cómo ve la candidatura de Joe Lieberman a la vicepresidencia de los demócratas?

-Ha sido una apuesta muy elegante de Al Gore, rarísima en política, que pertenece a una mente de ajedrecista. Gore, esencialmente, ha movido el rey en dos direcciones para quedar bien. Por una parte, se ha situado a la derecha, porque Joseph Lieberman es un conservador, y por la otra se ha colocado a la izquierda convirtiéndose en el primer candidato de la historia que escoge a un vicepresidente judío. Pero no se sabe si resultará.

-¿No se ha hablado demasiado, en los medios, sobre la religión de Lieberman?

-¿Por qué sorprenderse? Los medios norteamericanos son como una virgen que sufre de cosquillas: apenas le rozan un punto de la piel que nadie ha tocado antes, enloquecen.

-¿Cuál es, de los dos hombres, el de más calidad: Gore o Bush?

-Si el elector vota guiado por la simpatía, Bush gana, sin duda. Es el típico hombre norteamericano que gusta al elector medio porque es uno de ellos: en la escuela no se destacaba, no lee y habla impulsivamente, sin reflexionar. Por eso, en los debates por televisión, es el favorito a mi juicio. Ser un intelectual, en la política de los Estados Unidos, es una desventaja. Clinton lo sabe y ha hecho lo imposible por esconder su mente y cultura formidables. Y después, Gore tiene varias desventajas.

-¿Cuáles?

-Es visto como "el primero de la clase", una tipología detestada por los norteamericanos. Y habla como Nixon, que rumiaba cada una de las palabras, antes de pronunciarla, haciéndola oír distorsionada.

-Según muchos, George W. Bush no tiene sesos...

-No creo que sea estúpido hasta ese punto. Sobre todo si se lo compara con "zorros" como Reagan y Dan Quayle.

-¿Qué opinión tiene de la presidencia de Clinton?

-Tenía grandes esperanzas cuando fue elegido porque lo conocía personalmente. Era atractivo, inteligentísimo y con una mujer aún más inteligente. Juntos hubieran debido realizar cosas extraordinarias y en cambio han hecho un desastre. Desde la idea descabellada de admitir a los gays en el ejército, hasta el fiasco de la complicadísima reforma del sistema de salud, que nadie ha entendido. La historia no será generosa al recordarlo. En cuanto se refiere al affaire Monica, yo hubiera hecho lo mismo.

-¿Y la primera dama?

-Su verdadero objetivo es la presidencia de la nación. Sería una óptima senadora, pero no me inspira confianza porque no te sorprende nunca cuando habla; es demasiado políticamente correcta. Peste de totalitarismo.

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