Crisis en Venezuela: una frustración con errores de cálculo y una apuesta endeble

Detención de opositores en Caracas
Detención de opositores en Caracas Fuente: AFP
Jim Wyss
Franco Ordoñez
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1 de mayo de 2019  • 18:48

CARACAS.- Para la oposición venezolana, ayer amaneció con la descarga de un relámpago político y una auspiciosa foto previamente concertada. El presidente encargado, Juan Guaidó , flanqueado por soldados armados hasta los dientes, y el preso político más conocido del país, Leopoldo López , anunciaban que había llegado la hora de sacar a Nicolás Maduro .

Con ayuda de tropas rebeldes, Guaidó prometió que los 20 años de gobierno de un mismo partido –primero con Hugo Chávez y, ahora, con Nicolás Maduro– podían terminar con un alzamiento popular apoyado por el Ejército.

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, le dijo a CNN que Maduro incluso ya había preparado su huida y que tenía el avión listo para volar a Cuba. Que López haya sido liberado de su arresto domiciliario por sus propios captores de la Inteligencia Militar parece haber fogoneado la idea de que las Fuerzas Armadas tendrían un rol protagónico en lo que Guaidó llama "Operación Libertad".

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Pero en el transcurso del día, la legión de desertores que esperaba Guaidó nunca apareció, y más que encabezar una multitudinaria marcha hacia el Palacio de Miraflores, como algunos esperaban, la asonada degeneró en una batalla campal en las calles, con decenas de heridos. Pompeo también dijo que Rusia había disuadido a Maduro de abandonar el país.

Todo indicaba que los tres meses de presiones de Guaidó para tumbar a Maduro no serían suficientes. Se ignora por qué los militares y otros altos funcionarios no hicieron caso al llamado para derrocar a Maduro, pero lo que sí queda claro es que Guaidó y Estados Unidos esperaban que pasara algo que no pasó.

Ayer a la tarde, ante los periodistas, John Bolton, asesor en seguridad nacional de la Casa Blanca, dijo que Vladimir Padrino López, ministro de Defensa venezolano, y Maikel Moreno, presidente de la Suprema Corte de Venezuela, entre otros, venían negociando con la oposición, y que habían acordado ayudar para sacar a Maduro.

Bolton dijo que tenía la esperanza de que todos ellos ignoraran a los cubanos que los manejan y de que hicieran lo correcto para su país.

"Todos estaban de acuerdo en que Maduro se tenía que ir", dijo Bolton, en referencia a esos funcionarios venezolanos. "Tienen que actuar esta misma tarde y noche para volcar a otras fuerzas militares al bando del presidente interino". Pero anoche no había la menor señal de eso.

Según un exdiplomático norteamericano que prefirió preservar su anonimato, nadie debería sorprenderse de que los oficiales militares que le deben su carrera y su sustento a Maduro y al Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) hayan decidido no abandonar al gobierno. El exdiplomático dice que hace más de 10 días que estaba al tanto de los planes de Guaidó de llamar a un levantamiento.

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"Si lo sabía yo, es que lo sabía todo el mundo", añade. "El régimen de Maduro lo vio venir y se preparó. Incluso es probable que el régimen supiera qué personajes del gobierno estaban negociando con la oposición, y hasta es posible que aprobaran esas charlas".

Risa Grais-Targow, analista del Eurasia Group, asegura que los próximos días serán críticos. Si desertan altos mandos del Ejército y las manifestaciones en las calles son significativas, "podría convertirse en el tan esperado catalizador que dé inicio a una transición negociada".

"De todos modos, la apuesta de Guaidó es sumamente endeble", dice Grais-Targow. "Si Maduro sofoca con éxito la rebelión, será una fuerte señal de que sigue gozando de un alto nivel de apoyo entre los militares, lo que a su vez probablemente desmovilizaría a la oposición".

Brian Fonseca, experto en seguridad venezolana, exmarine y exanalista del Comando Sur de Estados Unidos, y actual directo del Instituto de Políticas Públicas Jack D. Gordon de la Universidad Internacional de Florida, señaló durante el agitado martes que el apoyo militar a Guaidó parecía estar flaqueando.

"Lo que vimos es que algunos elementos y oficiales generales de la Guardia Nacional apoyan a Guaidó", dijo Fonseca, que estimó que el número total de fuerzas detrás de Guaidó es de apenas unos cientos de efectivos. "Para mí, la rama más poderosa, la que realmente importa, es el Ejército, y ahí no se observan fracturas", advirtió Fonseca.

Según el experto, Guaidó corrió un riesgo al anunciar que contaba con el apoyo de los militares, y si el Ejército no lo apoya, quedaría debilitado. "Si el movimiento fracasa, ¿cómo queda la credibilidad del movimiento de Guaidó?", cuestiona Fonseca.

Sin embargo, queda claro que Maduro también está políticamente dañado.

Mientras se desataba una rebelión abierta de algunos de los militares y en las calles cundía el descontento, Maduro no se mostró en público durante todo el día. Solo horas después de iniciada el alzamiento, Maduro tuiteó que había hablado con sus comandantes y que "los jefes militares manifiestan su lealtad al Pueblo, a la Constitución y a la Patria".

Roger Noriega, exsubsecretario de Estado norteamericano para el hemisferio occidental durante el gobierno de George W. Bush, dijo que ayer pareció ser otra pérdida de corto plazo para la oposición, pero que sirvió para revelar una vez más la brutalidad de Maduro.

Noriega también indicó que la situación en Venezuela se ha vuelto más volátil debido al renovado apoyo de Rusia , China y Cuba al régimen de Maduro.

"En este momento puede parecer una derrota, pero lo que confirma es que no podemos darle la espalda a esta situación, y que Estados Unidos tiene que ser más creativo y no menos enérgico", dijo Noriega. "Ya no es un enfrentamiento con un dictador tropical, porque ahora están metidas China y Rusia. Ya no resulta impensable que los rusos puedan sostener a Maduro como forma de desafío a Estados Unidos, así que tenemos que seguir buscando una nueva batería de opciones", agregó.

A principios de este año, Rusia envió a Venezuela por lo menos 100 asesores militares y toneladas de equipamiento.

Para López y Guaidó, la apuesta es a todo o nada. Hasta el momento, Maduro se abstuvo de mandar arrestar a Guaidó, pero algunos especulan que ahora podría sentirse en libertad de hacerlo.

El dirigente opositor sugirió que la victoria era la única opción que quedaba. "Venezuela: Tenemos el poder en nuestras manos para terminar, de una vez por todas, con esta usurpación", dijo. "Este proceso es imparable. Tenemos el firme respaldo de nuestra gente y del mundo para restablecer nuestra democracia".

Miami Herald

Traducción de Jaime Arrambide

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