Drama con refugiados en Irlanda

Hallan ocho muertos, dos de ellos menores, en un contenedor
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9 de diciembre de 2001  

LONDRES.- No fue el destino que habían imaginado. Pero la "ruleta rusa" de la inmigración clandestina en Europa no suele conceder mejor final. Una atroz muerte por asfixia.

Esta vez sus víctimas mortales fueron dos niños, acompañados por cuatro hombres y dos mujeres, todos probablemente rumanos. Los ocho muertos fueron hallados, junto a cinco sobrevivientes, confinados en un contenedor repleto de muebles de oficina en un parque industrial de la ciudad irlandesa de Wexford.

Su calvario no pudo ser más cruento. Se sabe que su cargamento comenzó el viaje en Italia hace diez días. Atravesó por vía terrestre buena parte del continente hasta llegar a Bélgica. El último martes cruzó el Canal de la Mancha tras ser embarcado, en el puerto de Zeebrugge, en el ferry que más tarda en hacer el trayecto hacia Dover (cuatro horas).

Recorrió 600 kilómetros de territorio inglés, soportó el Mar del Norte, hizo el trayecto desde el sureño puerto irlandés de Waterford al corazón rural irlandés para llegar a Wexford a las 23 del último jueves.

"Lo que descubrimos es terrible, No sabemos dónde estos pobres refugiados fueron escondidos en el contenedor, pero no caben dudas de que sufrieron una verdadera odisea", dijo el superintendente de la policía irlandesa, John Farrelly.

Su hallazgo fue el único golpe de suerte. El camionero y un ayudante que fueron contratados para llevar el contenedor de Waterford a su destino final se dieron cuenta, al descargarlo, de que los sellos originales de la aduana italiana habían sido violados. Al abrir las puertas escucharon ruidos. Lo que vieron fue un macabro espectáculo.

En grave estado

Audrey Lambourne, vocera del Hospital General de Wexford, dijo que los sobrevivientes (cuatro hombres y una mujer) estaban "en grave estado, semicomatosos y deshidratados".

No deja de ser una triste ironía que la tragedia haya tenido lugar en Wexford, el gran eje de la emigración irlandesa hacia la Argentina. La prosperidad del Tigre Celta no sólo puso fin a la diáspora irlandesa: también convirtió al país en un imán. Seis de cada 1000 habitantes son ahora extranjeros, una de las proporciones más altas de Europa. Pocos de ellos son refugiados, pero éste es un detalle que los mercaderes de la miseria se cuidan de no transmitir a sus "clientes".

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