
Nauru, una isla de 11.000 habitantes, enfrenta una crisis de salud pública con niveles alarmantes de obesidad y diabetes; Australia la utiliza como un controvertido centro de detención de refugiados, en medio de críticas internacionales por las condiciones inhumanas
Jaren Dekar tarda apenas 28 minutos en recorrer su país en auto y cuatro horas a pie. Vive en Nauru, el tercer país más chico del mundo, un pedazo de tierra perdida en el vasto Océano Pacífico. La única ruta que rodea la isla serpentea junto a playas de arena blanca, mientras latas de Coca-Cola, envases de comida ultraprocesada y restos de antiguos equipos de minería son las huellas de lo que alguna vez fue un paraíso. Allá, dicen, ahora todo parece reducido: el paisaje, las esperanzas y el futuro.
