
El conflicto expuso la vulnerabilidad de las bases estadounidenses frente a drones y misiles y plantea un desafío de fondo ante una eventual guerra con China
WASHINGTON.- En un sentido, el ataque japonés a Pearl Harbor cambió las reglas del juego. Pero, en otro, no lo hizo. Al hundir o dañar los acorazados de la Marina estadounidense el 7 de diciembre de 1941, los japoneses obligaron a Estados Unidos a recurrir en cambio a los portaaviones. Pero ni el ataque a Pearl Harbor ni siquiera el ataque, nueve horas después, contra la base de Clark Field, en Filipinas, que devastó en tierra la fuerza aérea del general Douglas MacArthur, alteraron la dependencia del ejército estadounidense de bases ubicadas dentro del alcance de ataque del enemigo. De hecho, gran parte de la campaña del Pacífico que siguió consistió en desembarcos de soldados e infantes de Marina estadounidenses para asegurar bases insulares que permitieran lanzar ataques aéreos contra Japón.
