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PARÍS.- Cuando lanzaron su ataque sorpresa en la región de Kursk el 6 de agosto, primera ofensiva de un ejército extranjero en territorio ruso desde la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas ucranianas hicieron estallar un tabú viejo de 80 años. Mal preparados para hacer frente a una incursión que no anticiparon, los militares rusos solo pudieron retroceder. Una situación humillante para Vladimir Putin, que ha provocado pánico en el Kremlin, donde la palabra más escuchada desde entonces es “bardak”.



