"Ninguno debe sentirse superior a nadie", les advirtió el Papa a los 14 nuevos cardenales

Francisco le entrega el birrete cardenalicio al italiano Giovanni Becciu
Francisco le entrega el birrete cardenalicio al italiano Giovanni Becciu Fuente: AP
Elisabetta Piqué
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28 de junio de 2018  • 14:24

ROMA.- En el quinto consistorio de su pontificado, en el que creó 14 nuevos cardenales -ninguno argentino-, el Papa recordó hoy que "la única autoridad creíble es la que nace de ponerse a los pies de los otros para servir a Cristo" y que "ninguno de nosotros debe sentirse 'superior' a nadie". "Ninguno de nosotros debe mirar a los demás por sobre el hombro, desde arriba. Únicamente nos es lícito mirar a una persona desde arriba hacia abajo, cuando la ayudamos a levantarse", sentenció.

"La mayor condecoración que podemos obtener, la mayor promoción que se nos puede otorgar, es servir a Cristo en el pueblo fiel de Dios, en el hambriento, en el olvidado, en el encarcelado, en el enfermo, en el tóxico-dependiente, en el abandonado, en personas concretas con sus historias y esperanzas, con sus ilusiones y desilusiones, sus dolores y heridas", dijo el Papa, en una ceremonia solemne en la Basílica de San Pedro.

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Antes de entregarle a los 14 nuevos purpurados de 11 países -11 de ellos electores, es decir, menores de 80 años-, el birrete y el anillo cardenalicio, Francisco advirtió, además, sobre el peligro de las "lógicas mundanas que desvían la mirada de lo importante" y de las "asfixiantes" intrigas palaciegas.

"¿De qué sirve ganar el mundo entero si se está corroído por dentro? ¿De qué sirve ganar el mundo entero si se vive atrapado en intrigas asfixiantes que secan y vuelven estéril el corazón y la misión?", preguntó, comentando una lectura del Evangelio. "En esta situación -como alguien hacía notar- se podrían vislumbrar ya las intrigas palaciegas, también en las curias eclesiásticas", indicó.

Quiénes son los nuevos cardenales

Los nuevos cardenales lo escuchaban, atentos, en primera fila, con sus flamantes nuevas vestimentas rojas, el color de la sangre, que luego juraron estar dispuestos a derramar, en sendas fórmulas en latín. Entre ellos estaba su beatitud Louis Raphaël I Sako, patriarca de Bagdad, el primero de la lista, que al principio habló en nombre de los demás y aseguró su colaboración con el Pontífice para que haya paz especialmente en su castigado país, Irak, en Siria, los territorios palestinos, Medio Oriente y en el resto del mundo. Junto a él, como sucedió en los anteriores consistorios, estaban pastores "con olor a oveja" que trabajan en sitios difíciles y en las periferias del mundo, como Josep Coutts, arzobispo de Karachi, Paquistán, país musulmán donde la minoría católica es perseguida por grupos fundamentalistas y Desiré Tsarahazana, arzobispo de Toamasina, en Madagascar. Los acompañaban el jesuita peruano Pedro Barreto, progresista arzobispo de Huancayo; el portugués António dos Santos Marto, obispo de Leiria-Fátima; el italiano Giuseppe Petrocchi, arzobispo de L'Aquila, ciudad destruida por un terrible terremoto en 2009, y Thomas Aquinas Manyo, arzobispo de Osaka, Japón, país que desde hace tiempo esperaba un cardenal.

También recibieron el preciado birrete púrpura tres miembros de la curia romana: el actual prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el jesuita español Luis Ladaria; el nuevo prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, ex sustituto de la Secretaría de Estado y delegado especial ante la Soberana Orden de Malta, el italiano Angelo Becciu, y el limosnero pontificio y prelado famoso por su trabajo con los sin techo de Roma, el polaco Konrad Krajewski.

Por haberse distinguido en su servicio a la Iglesia, también recibieron los símbolos cardenalicios tres prelados mayores de 80 años y sin derecho a participar en un cónclave: Toribio Ticona Porco, un boliviano que fue lustrabotas y minero, arzobispo emérito de Corocoro; el mexicano Sergio Obeso Rivera, arzobispo emérito de Xalapa, y el padre misionero claretiano español Aquilino Bocos Merino.

Acompañaron a los nuevos purpurados delegaciones de once países, entre las cuales se destacaron la encabezada por el presidente boliviano, Evo Morales y por su par de Madagascar, Hery Rajaonarimampianina. Aprovechando su viaje a Roma, Morales pidió audiencia con el Papa, que lo recibirá el sábado por la mañana, en lo que será su sexta vez en el Vaticano, todo un récord.

En una ceremonia en la que también participaron los demás miembros del colegio cardenalicio, obispos, sacerdotes y el cuerpo diplomático, en su sermón Francisco urgió a los nuevos purpurados a "crecer en fidelidad y disponibilidad para abrazar la misión". "Y esto de modo que, a la hora de la verdad, especialmente en los momentos difíciles de nuestros hermanos, estemos bien dispuestos y disponibles para acompañar y recibir a todos y a cada uno, y no nos vayamos convirtiendo en exquisitos expulsivos o por cuestiones de estrechez de miradas o, lo que sería peor, por estar discutiendo y pensando entre nosotros quién será el más importante". "Cuando nos olvidamos de la misión, cuando perdemos de vista el rostro concreto de nuestros hermanos, nuestra vida se clausura en la búsqueda de los propios intereses y seguridades. Así comienza a crecer el resentimiento, la tristeza y la desazón. Poco a poco queda menos espacio para los demás, para la comunidad eclesial, para los pobres, para escuchar la voz del Señor. Así se pierde la alegría, y se termina secando el corazón", advirtió.

Con este nuevo consistorio -que culminará mañana con una misa solemne que concelebrará con los nuevos "príncipes de la Iglesia"-, Francisco profundizó su huella en lo que será la geografía del cónclave que deberá elegir a su sucesor. De los 125 cardenales electores que hay hoy, 59 -la mayoría-, fueron nombrados por él; 47 por su predecesor, Benedicto XVI, papa emérito, y 19 por Juan Pablo II.

Visita al papa emérito

Finalizada la ceremonia, en un nuevo gesto de respeto hacia su predecesor, Francisco y los nuevos cardenales, fueron, a bordo de dos vans, hasta el monasterio Mater Ecclesiae para visitar a Benedicto, papa emérito. En la capilla del monasterio donde vive, enclavado en los Jardines del Vaticano, todos juntos recitaron el Ave María y saludaron a Joseph Ratzinger, de 90 años, que los bendijo.

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